¿DE TANTO OLER MAL, NOS ESTAREMOS QUEDANDO SIN OLFATO?

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Es sabido que cuando llegas a un lugar donde huele mal, con el tiempo, la sensación desagradable disminuye y, si somos capaces de aguantar un tiempo, incluso te acostumbras y ya ni lo notas. Recuerdo el primer día que entré, allá por el 74, en la sala de disección de la facultad, el olor picante a formol me resultó bastante desagradable, sin embargo en unos días era capaz, como casi todos por otra parte, de comer el bocadillo mientras esperábamos para iniciar las prácticas.

Viene esto a cuento de que si seguimos día a día la actualidad de este país, podemos llegar a acostumbrarnos y ya todo nos pueda parecer normal, nada nos sorprenda y mucho menos nos indigne.

Llevamos ya casi 4 años (¿De verdad llevamos ya 4 años?), en los que casi a diario nos encontramos con una nueva, como decirlo suavemente, bofetada de la realidad en la cara de los ciudadanos que, estupefactos, comprobamos como una caterva de inútiles no sabe cómo hacerlo peor para jodernos un poco más cada día.

En mayo de 2010, de no estar en crisis, de tener los bancos más saneados de Europa, pasamos de repente a tener necesidad de bajar los salarios y las pensiones porque la deuda pública era insostenible, aderezado con una primer reforma salarial. El bipartito (PPPSOE) español nos obsequió con una reforma exprés de la, hasta entonces, intocable constitución para garantizar que primero los bancos y ya después, si queda,las mujeres y los niños.

Ya en el gobierno, el PP continuó la faena, implementó otra reforma laboral devaluando los derechos y recortando los salarios, mientras llenaba de dinero, que no había para sanidad y educación, las cajas de los bancos que, mientras inflaban la burbuja inmobiliaria, no repartieron los beneficios con los ciudadanos y convirtiendo en deuda pública lo que desde el principio solo era deuda privada de los bancos, españoles alemanes y franceses especialmente.

El presidente del gobierno aseguró hace unos días que no iba a tocar las pensiones lo que, visto su capacidad de cambio de argumento como en el caso del IVA y tantos otros, hace creer que,más pronto que tarde, viene un nuevo pensionazo, con el fin último de convertir las pensiones públicas en privadas, en nuevo nicho de negocio con el que los especuladores puedan seguir inflando burbujas con las que forrarse y que, cuando pinchen, tendremos que pagar de nuestro bolsillo.

Todos este panorama (ya siento tener que repetir lo que estamos hartos de leer y oír cada día en la prensa), viene muy bien aderezado en la gran mayoría de los medios de comunicación con la coletilla de “no hay otro remedio, es la única vía de volver al crecimiento y el empleo”.

Con todo esto hay, me parece a mi, un riesgo evidente de que mucha gente que, cuando habla en la calle o en la barra del bar, está harta y dice que esto no puede seguir así que tendríamos que hacer algo, se quede en eso y con la idea de que es igual, que da lo mismo lo que hagamos, que al final todos son iguales y van a hacer lo mismo en cuanto lleguen al poder. Lo único bueno que ha traído esta crisis es que la gente, de nuevo, comienza a hablar de política, pero corremos el riesgo de que de tanto oler a podrido, nos acostumbremos.

Sin embargo hay alternativas. Tenemos que huir de los que quieren alejar al pueblo de la política, de los que quieren dejarla en manos de los profesionales (ya vemos dónde nos ha llevado eso), de los que quieren que creamos que son todos iguales, cuando los único que son iguales son los del bipartidismo y los nacionalistas que les han ido dando su apoyo. Tenemos que participar, ser activos y exigentes y buscar a quienes de verdad plantean una salida popular a la crisis.

El otro día leí el borrador de política económica que presenta Izquierda Unida para su asamblea que creo que va a ser en octubre y tengo que decir que me gustó. Solo falta que las alternativas de izquierda, ecologistas, 15M, anticapitalistas, etc sean capaces de ir unidas en un frente común que aglutine sin personalismos a todos los que creemos que otra forma de hacer política es posible y necesaria y que otro mundo es posible, necesario y urgente.

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2 pensamientos en “¿DE TANTO OLER MAL, NOS ESTAREMOS QUEDANDO SIN OLFATO?

  1. Tenemos la suerte de vivir en democracia y la desgracia de no saber que esto nos permite cambiar las cosas. Cuando dejemos de votar al menos malo de entre dos, y cuatro años despues al otro que ahora es menos malo que el de cuatro años atras, algo cambiará.
    Busquemos a ese TERCERO

    • Desde luego, de eso se trata.
      Aunque habrá muchos que no sin cierta parte de razön te dirían que “lo llaman democracia y no lo es”, porque el sistema electoral está diseñado para que se mantenga el bipartito. Pero podemos aprovechar que tenemos la capacidad, si nos ponemos a ello de verdad, con unidad en la izquierda, de cambiar las cosas

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