NAVIDAD

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Hasta para los ateos la Navidad parece que debe ser un momento de paz y reunión familiar, el alto el fuego navideño de las disputas y el deseo de felicidad para todos, ¿para todos?, es tradición. Yo no he podido evitar incluir en este mensaje navideño una llamada de atención en forma de imagen.

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De eso tampoco estamos excluidos la gran mayoría de nosotros, nos tengamos que endeudar o no.

EL DISCURSO QUE NO QUISE HACER

Hace unos días recibí, en el marco de la fiesta anual del Ilustre Colegio de Médicos de Álava, el reconocimiento como MÉDICO SOLIDARIO del año 2012. En su exposición de razones, el presidente del Colegio, Dr Kepa Urigoitia, además de glosar mi curriculum “solidario”, dijo cosas de mi que ni yo mismo hubiera dicho y he de reconocer que deben ser ciertas porque más personas después, y algunos antes, me lo han reafirmado. En sus últimas palabras el Dr. Urigoitia usó la frase de Bertold Bretch acerca del que lucha un día y es bueno y terminan con y los hay que luchan todos los días….. que, cuando se las aplican a uno mismo, a mi al menos me emocionaron de verdad. Muchas gracias Kepa, no me creía tan “importante”.

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Dado que el marco era la fiesta del colegio previa a la Navidad no quise,en mi discurso de agradecimiento, amargársela a los asistentes a base de repetir datos que todos sabemos y preferí hacer un recuerdo de la historia de medicusmundi Álava, reconociendo el papel que en ella han jugado sus fundadores hace ya 45 años y el de tres personas especiales en su historia, Araceli Placer, Luis Fernández de Corres y Fernando Viana.

Terminé reconociendo el compromiso de los cientos de socios que son la base de la asociación y de los cientos de voluntarios, sin ellos medicusmundi no sería posible, que han dedicado su tiempo, su esfuerzo y sus ideas al servicio una causa justa como es la erradicación de la pobreza a través del derecho a la salud, de estos yo soy uno más, que quizás da más la cara, pero en el fondo uno más.

Antes de decidir no amargar la fiesta, estuve trabajando sobre unas ideas a desarrollar en el discurso que no quiero dejar que se pierdan porque creo que es necesario decirlo.

En la anterior entrada de este blog ya exponía la primera idea , pero voy a volver brevemente sobre ella. El ejercicio de la medicina, y más si cabe la medicina de familia, es inseparable de la solidaridad. Porque la solidaridad es identificarse,y comprometerse, con el OTRO, en nuestro caso con el enfermo, con el doliente y, muchas veces, con su familia.

De la misma manera, el trabajo en cooperación al desarrollo o cualquier trabajo solidario consiste básicamente en identificarse y comprometerse con el otro, el empobrecido, el más vulnerable, al que se le niega hasta lo más básico, su derecho a la salud, a la educación, a vivir en paz, a poder vivir una vida digna.

No corren buenos tiempos para la solidaridad. A pesar de que cada vez más gente hace donaciones a Caritas, o se moviliza en solidaridad con los desahuciados por poner dos ejemplos. Sin embargo, con la excusa de la crisis, se aprovecha para imponer, decreto a decreto, un modelo de estado en el que la solidaridad no tiene cabida.

El Estado del bienestar tiene tres puntales básicos, la Sanidad pública universal, la Educación Pública universal y un sistema que asegure mediante pensiones públicas una vejez digna y, junto a ellos, hay un cuarto pilar básico que califica un estado como democrático y de derecho que es el acceso a la justicia.

Estos puntales hasta ahora se basaban en un modelo solidario en el que los que más ingresos tenemos debiéramos pagar más, los que tenemos buena salud pagamos para que todos pudiéramos tener la atención sanitaria que necesitemos. Al tema de la salud ya he dedicado algunos post por lo que no voy a insistir sobre lo pernicioso de los recortes y de la privatización del sistema nacional de salud aquí.

Tener un buen sistema educativo es la base para formar ciudadanos críticos capaces de participar activamente en el presente y el futuro del país, capaces de defender sus derechos y los de los demás que, para mi, está en la base de la democracia. Además una educación pública de calidad es la mejor vía de garantizar la igualdad de oportunidades para todas las personas. Cambiar de modelo educativo cada cuatro años, recortar profesorado y amontonar niños y niñas en las aulas, volver al pasado con la separación por sexos o imponer la religión católica de nuevo, son pasos atrás cuyo fin solo puede ser crear súbditos no ciudadanos.

Qué decir sobre las pensiones y la continua pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas, hoy, en muchos casos, sostén único de muchas familias. Todos conocemos casos de abuelos dando de comer a sus nietos o pagando la hipoteca de sus descendientes. Si les recortan más las pensiones o se les hace pagar por los medicamentos, o por las recetas, que es otra forma de recortar los ingresos ya de por sí nada boyantes de los pensionistas, muchas redes familiares, cada vez más debilitadas, no serán capaces de mantenerse.

La reforma del código penal, criticada hasta por los fiscales y jueces, en general tan conservadores en España, junto con la subida de tasas absolutamente injusta y desproporcionada, hacen pensar que la idea en la que se sustenta esta reforma es impedir el acceso de la población general a reclamar sus derechos, hacer una justicia solo para los que se la puedan pagar y, por otro lado, castigar la protesta en la calle, única arma que nos queda para cambiar la tendencia a destruir los pilares del estado de derecho, a convertir la democracia en un conjunto vacío.

Por todo ello, hoy la SOLIDARIDAD es más necesaria que nunca y esta solidaridad nos exige salir a la calle a defender el Sistema Nacional de Salud, la Educación Pública de Calidad, una Justicia accesible, rápida, democrática y de calidad para todos y el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas. Nos exige salir a la calle a decir que la mentira no puede ser una forma de gobernar, que no vamos a permitir que se nos enfrente a los funcionarios con el resto de los trabajadores, a los profesores con los padres, que hoy el enfrentamiento real es entre el 99% que somos casi todos y el 1% restante que son los que hoy quieren imponer sus intereses a través de gobiernos títeres y mentirosos, que mayoría absoluta no puede suponer poder absoluto, que hay límites que no se pueden pasar, como que el 25% de nuestros niños estén en la pobreza o en riesgo alto de caer en ella.

MEDICINA Y SOLIDARIDAD

El ejercicio de la medicina para mi debe ser inseparable de la solidaridad, especialmente si hablamos de medicina de familia en la que el contacto personal directo y continuo, casi físico, con el paciente debería ser norma y no excepción como muchas veces sucede.

Solidaridad implica identificarse con el otro. En el caso de los médicos, y creo que del resto del personal sanitario, con el que viene a nosotros pidiendo ayuda, el enfermo, el doliente y, en ocasiones, con su familia. Para ello el conocimiento más completo posible de la persona y de su entorno, del contexto en el que se mueve y se produce su enfermedad, es básico. Sin embargo, nuestras historias clínicas no suelen facilitar, ni valorar, la recogida de estos datos.

Los médicos dedicamos una buena parte de nuestra “jornada laboral” a medir y valorar los factores de riesgo de nuestros pacientes y ,demasiadas veces, a tratarlos a base de prescribir medicamentos que, a lo sumo, van a “tratar” el 20% de su riesgo. También sabemos que la modificación de los hábitos poco saludables son mucho más eficaces para la reducción de los riesgos pero la falta de tiempo muchas veces y una especie de “tirar la toalla” en esta lucha nos lleva al camino fácil de la estatina o el IECA o…, hemos medicalizado y “medicamentizado” (¡vaya palabro!) demasiado el cuidado de nuestros pacientes.

El primer principio que, a mi modo de ver, supone el enfoque solidario del ejercicio de la medicina es el PRIMUM NON NOCERE, por supuesto que no podemos hacer nada que aumente el dolor o agrave la enfermedad. Pero, hacer algo que se sabe no efectivo (estatinas en prevención primaria, SYSADOAS, homeopatía p. ej.), o proponer estudios y pruebas, que muchas veces tienen un riesgo y siempre un coste, sin indicación evidente (chequeos a personas sanas, PSA, TAC en fumadores asintomáticos), ¿no son perjudiciales para el paciente individual y para el sostenimiento general del sistema de salud y por tanto insolidaria?

El conocimiento del paciente, de sus creencias y expectativas, de su trabajo o paro, de su nivel de estudios o falta de los mismos, de su vivienda, en resumen, el conocimiento de todo el entorno del paciente, del contexto en el que enferma, es fundamental a la hora de valorar su enfermedad, de las pruebas a realizar o de los tratamientos a prescribir, huyendo de las actuaciones innecesarias, inútiles, inclementes e inseguras, porque las haya más sencillas o porque no se ajusten a la situación social o física del paciente o porque no supongan una mejora en su calidad de vida.

Desconocer los determinantes de la salud de nuestros pacientes no solo es no identificarse con él y por tanto insolidario, sino que nos llevará a no entender las razones por las que no siguen nuestras indicaciones o abandonan el tratamiento o simplemente por qué no mejora a pesar del tratamiento.

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1 de diciembre DÍA INTERNACIONAL DEL SIDA

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Desde 1981 cuando los CDC convocaron la conferencia en la que se debatió sobre los primeros casos descritos, hasta 1984 cuando se descubrió el virus y se comenzó a ver la verdadera extensión e importancia de la pandemia, así como sus consecuencias que, no siempre eran sanitarias, el estigma, los puntos rojos en los volantes de analítica, las consultas diferenciadas, los niños a los que se impedía ir al colegio por el miedo de los padres de los demás niños….

Los primeros años muchos médicos de primaria atendíamos enfermos de SIDA o portadores de VIH en nuestras consultas, en comunicación con el hospital, según el tratamiento se fue complicando pasó a ser competencia hospitalaria. En estos poco más de 30 años, la enfermedad ha pasado a ser crónica y hoy nadie separa a los enfermos, ni limita sus derechos, al menos en los países desarrollados

Este año las cifras que da ONUSIDA coincidiendo con la celebración del día internacional son las más positivas desde que se viene celebrando estos días en el año 1988. Las grandes cantidades de dinero que se destinan a través del fondo global están consiguiendo éxitos muy remarcables.

Por segundo año consecutivo han descendido los casos de transmisión vertical por el aumento del número de mujeres embarazadas que han recibido tratamiento antiretroviral, también ha aumentado un 20% los portadores de VIH que han recibido tratamiento, ambos casos en los países de bajo y mediano ingreso.

Por el lado negativo, todavía hay 34 millones de personas infectadas la gran mayoría de ellas en África subsahariana (un 67%), el año 2011 murieron 1.7 millones de personas, y se produjeron más de dos millones y medio de nuevos contagios.

Respecto al futuro aparecen nubes en el horizonte. Los recortes debidos a la crisis van a limitar de forma importante la capacidad de muchas asociaciones que trabajan precisamente con los enfermos más vulnerables en nuestro país. Además la reducción de las aportaciones de muchos países al Fondo Global es posible que haga que, por primera vez en muchos años, haya que reducir el número de enfermos que reciban tratamiento en los países de ingresos bajos y medianos, ¿quién va a decidir a quién se le niega ahora el acceso a los medicamentos?

Por otro lado, el Fondo Global debería de una vez replantearse su forma de actuar en los países en desarrollo. Los fondos verticales son aquellos que llegan a los países con un destino fijo, en este caso para financiar todo lo referido al SIDA, creando una estructura paralela al sistema de salud y, generalmente, pagando salarios bastante más elevados que el sistema público, lo que provoca la fuga del personal sanitario desde el sistema público, produciendo su debilitamiento y la desatención de otras muchas enfermedades tanto o más prevalentes que el SIDA y que son fuente importante de morbimortalidad.

El fortalecimiento de los sistemas públicos de salud debiera ser la primera prioridad del fondo global o de cualquiera que quiera intervenir en salud, tanto en países desarrollados como empobrecidos, porque esta es la vía más lógica para la sostenibilidad de las actuaciones no creando incentivos perversos ni entre el personal sanitario (que huye del sistema público por un mejor salario) ni entre los enfermos (que pueden llegar a buscar infectarse para recibir subvenciones o comida). Además una vez se acabe la intervención (porque algún día tendrá que acabar, no?) se habrá creado una estructura útil para el futuro.