MEDICINA Y SOLIDARIDAD

El ejercicio de la medicina para mi debe ser inseparable de la solidaridad, especialmente si hablamos de medicina de familia en la que el contacto personal directo y continuo, casi físico, con el paciente debería ser norma y no excepción como muchas veces sucede.

Solidaridad implica identificarse con el otro. En el caso de los médicos, y creo que del resto del personal sanitario, con el que viene a nosotros pidiendo ayuda, el enfermo, el doliente y, en ocasiones, con su familia. Para ello el conocimiento más completo posible de la persona y de su entorno, del contexto en el que se mueve y se produce su enfermedad, es básico. Sin embargo, nuestras historias clínicas no suelen facilitar, ni valorar, la recogida de estos datos.

Los médicos dedicamos una buena parte de nuestra “jornada laboral” a medir y valorar los factores de riesgo de nuestros pacientes y ,demasiadas veces, a tratarlos a base de prescribir medicamentos que, a lo sumo, van a “tratar” el 20% de su riesgo. También sabemos que la modificación de los hábitos poco saludables son mucho más eficaces para la reducción de los riesgos pero la falta de tiempo muchas veces y una especie de “tirar la toalla” en esta lucha nos lleva al camino fácil de la estatina o el IECA o…, hemos medicalizado y “medicamentizado” (¡vaya palabro!) demasiado el cuidado de nuestros pacientes.

El primer principio que, a mi modo de ver, supone el enfoque solidario del ejercicio de la medicina es el PRIMUM NON NOCERE, por supuesto que no podemos hacer nada que aumente el dolor o agrave la enfermedad. Pero, hacer algo que se sabe no efectivo (estatinas en prevención primaria, SYSADOAS, homeopatía p. ej.), o proponer estudios y pruebas, que muchas veces tienen un riesgo y siempre un coste, sin indicación evidente (chequeos a personas sanas, PSA, TAC en fumadores asintomáticos), ¿no son perjudiciales para el paciente individual y para el sostenimiento general del sistema de salud y por tanto insolidaria?

El conocimiento del paciente, de sus creencias y expectativas, de su trabajo o paro, de su nivel de estudios o falta de los mismos, de su vivienda, en resumen, el conocimiento de todo el entorno del paciente, del contexto en el que enferma, es fundamental a la hora de valorar su enfermedad, de las pruebas a realizar o de los tratamientos a prescribir, huyendo de las actuaciones innecesarias, inútiles, inclementes e inseguras, porque las haya más sencillas o porque no se ajusten a la situación social o física del paciente o porque no supongan una mejora en su calidad de vida.

Desconocer los determinantes de la salud de nuestros pacientes no solo es no identificarse con él y por tanto insolidario, sino que nos llevará a no entender las razones por las que no siguen nuestras indicaciones o abandonan el tratamiento o simplemente por qué no mejora a pesar del tratamiento.

20121209-223447.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s