La lucha contra la mutilación genital femenina es una lucha contra el miedo

Esta entrada ha sido publicada en varias webs de diferentes asociaciones medicusmundi de España y en algún medio de comunicación como el Diario de Toledo y Diario de Noticias de Alava

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Hace unos años, tras la presentación de una película sobre el tema, una mujer africana a la que conocía de antes y por la que acudí al acto, nos brindó su testimonio, contó cómo en contra de la opinión de su madre, ella optó porque se lo hicieran. La presión de ser la diferente, para muchos “la fresca”, pudo más que el miedo o la opinión de su madre.

Se pueden buscar y encontrar testimonios sobre la MGF en muchos sitios, casi todos se refieren a mujeres que fueron forzadas, habitualmente por sus padres, a someterse a esta tortura. Tras una primera impresión de hacer algo importante para su vida, de asistir a una fiesta, posteriormente el miedo, el dolor y la sensación de haber sido engañada por los que le debieran haber protegido les ha acompañado el resto de sus vidas.

Por mucha raigambre cultural, por mucho que “uno conoce sólo eso y nada más”, lo cierto es que costumbres como esta reflejan sólo una manera que los hombres tienen de controlar la sexualidad de las mujeres, de mantenerlas humilladas y bajo su control, reflejan una sociedad en la que la mujer es susceptible de ser convertida en objeto sobre el que el varón puede ejercer su dominio, dando por supuesto que hay que impedir que la mujer disfrute de su sexualidad, que sólo sirve para dar placer e hijos, y para que de esa forma no le interese “engañar” a su dueño.

En la actualidad la mutilación genital es una realidad que afecta a más de 135 millones de mujeres en todo el mundo, y a la que son sometidas en torno a 2 millones de niñas y adolescentes cada año. Hay un inmenso reguero de sufrimiento humano, singularmente femenino e infantil pero, sobre todo, lo que hay es la inducción de un modelo de sociedad, desigual y violenta para la mujer, que lo mismo la mutila para controlar su sexualidad, como que la vende o la secuestra y la esclaviza para dar placer prostituyéndola.

La ablación comprende una serie de prácticas que alcanzan todas ellas a la supresión, total o parcial, de los genitales externos y que provocan problemas de salud permanentes e irreversibles a quienes la padecen, si bien bajo esa denominación se agrupa un conjunto de actuaciones heterogéneas y de distinto alcance en la salud femenina.

Desde hace años, la lucha contra la mutilación genital femenina es una lucha contra el miedo a enemigos desconocidos: contra el miedo al cambio, y a las oportunidades que llegan con él. A lo largo y ancho del mundo, desde el África subsahariana hasta la Península Arábiga, desde ciertas regiones de Extremo Oriente hasta comunidades expatriadas en Europa, EE UU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, las mujeres están reaccionando contra el hecho de que se las mutile genital, social, civil y políticamente, haciendo posible la promulgación de leyes contra esta lacra y consiguiendo la colaboración en esta lucha de políticos y religiosos y, sobre todo, de muchas mujeres que cada vez son más conscientes de su capacidad de provocar cambios.

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