HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y DÍA MUNDIAL DE LA SALUD

En 1948, la Primera Asamblea Mundial de la Salud propuso que se estableciera un «Día Mundial de la Salud» para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde 1950, el Día Mundial de la Salud se viene celebrando cada 7 de abril. Todos los años se elige para esa jornada un tema de salud específico a fin de destacar un área prioritaria de interés para la OMS.

Al menos en los últimos 15 o 20 años, ha venido enfocando estos días sobre temas básicos en salud como el envejecimiento sano, el papel del urbanismo en la salud, salud materno-infantil, enfermedades infecciosas, personal sanitario, necesidad de invertir en salud… Este año pone el foco en la Hipertensión Arterial.

La hipertensión no es en sí misma una enfermedad, es un FACTOR DE RIESGO para enfermedad cardiovascular (insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, ictus cerebral) y para insuficiencia renal. La hipertensión se puede prevenir si se reduce el consumo de sal, si se sigue una dieta balanceada y saludable, si se evita el consumo nocivo de alcohol, se elimina el tabaco, y si se mantiene un estilo de vida físicamente activo y un peso corporal saludable.

Para poder cumplir estos condicionantes básicos en la prevención de la enfermedad cardiovascular, tanto el ritmo de vida en unos casos, como las posibilidades económicas y sociales en otros, deben permitir acceder a ellos. No siempre es posible mantener una buena alimentación, ni hay posibilidad de dedicar tiempo a “cuidarse”, ni el nivel educativo nos capacita para ello, pero indudablemente es más eficiente atender a estas limitaciones que medicalizar el problema.

Decir que la HTA es un factor de riesgo supone que aquellas personas que tienen cifras persistentemente elevadas de tensión arterial tienen, estadísticamente, más riego de acabar padeciendo una enfermedad cardiovascular y más todavía si, además tienen otros factores de riesgo, como la obesidad, la diabetes o fuman. Pero eso no quiere decir que si alguien no reúne ninguna de esas condiciones no pueda sufrir un infarto de miocardio o un ictus.

Ha habido muchos estudios clínicos que han demostrado esta asociación de la hipertensión arterial con una mayor posibilidad de enfermedad cardiovascular, pero el salto de asociación a causa de enfermedad cardiovascular es bastante atrevido y bastante más atrevidas son las cifras, cada vez menores, a partir de las cuales se considera a alguien hipertenso y por tanto “digno” de seguimiento y controles periódicos que, en la mayoría de los casos, no le van a reportar ningún beneficio y sí, cuando menos, la sensación de tener mala salud o de ser un enfermo.

Hace unos años, a finales de los 90, tras unos cuantos estudios promovidos fundamentalmente por la industria farmacéutica se revisaron los criterios de normalidad y se bajó la cifra a partir de la cual uno es hipertenso o diabético o tiene exceso de colesterol, eso convirtió en “enfermo”, de un día para otro, a varios millones de personas. El mercado de medicamentos aumentó un 38% de hipertensos, el 14% de diabéticos y hasta un 85% en el caso del colesterol elevado. Yendo un poco más lejos ya se ha definido la preHipertensión para la que se empieza a recomendar seguimiento y tratamiento, en fin todo un poco bastante absurdo, pero bastante rentable económicamente para algunos.

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Otro aspecto a tener en cuenta cuando hablamos de hipertensión es el diferente riesgo según las poblaciones. Con cifras de 145/85 mmHg la mortalidad cardiovascular de los anglosajones fue de 70 por 10.000 habitantes, en los países mediterráneos, sin embargo fue de 20, con cifras de 160 de diastólica (la máxima) la mortalidad fue de 100 y de 40 por 10.000 respectivamente entre los anglosajones y mediterráneos, parece que nuestra herencia genética, cultural y social nos protege contra las enfermedades cardiovasculares.

El objeto de controlar la tensión no es bajar la cifra sino reducir la mortalidad y no hay evidencia clara de que tratar personas con cifras menores de 160/100 produzca esa reducción de la mortalidad. Por ello y asumiendo que los medicamentos siempre tienen efectos indeseados, secundarios, no tiene ningún sentido que se utilicen para tratar cifras menores dado que es más probable que hagan daño que beneficio, no aportan salud.

Aprovechemos nuestra herencia mediterránea, disfrutemos de mantener nuestra deliciosa y sana dieta rica en aceite de oliva, verduras, frutas, legumbres y pescado, procuremos seguir comiendo sentados y, a ser posible, de la sobremesa posterior, reduzcamos la sal, salgamos a pasear y, si es posible, dejemos de fumar. Disfrutar de la vida es la mejor manera de seguir manteniéndonos sanos y libres de intervenciones médicas innecesarias, como dice el título del libro de Juan Gervas y Mercedes Pérez Fernández, cuya lectura os recomiendo.

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