TOMAR PARTIDO HASTA MANCHARSE

Tomo el título del poema de Gabriel Celaya. “la Poesía es un Arma Cargada de Futuro , de la que también tomo la idea de que nuestras acciones, el poema dice cantares, no pueden ser sin pecado un adorno.

Las medidas que toman los gobiernos para, según dicen, sacarnos de la crisis están suponiendo para las ONG de cualquier tipo, sociales, culturales, de desarrollo, una amenaza por los recortes en la financiación a la que hasta ahora hemos estado acostumbrados. Sin embargo, a mi me parece que podemos, y debemos, aprovecharla como una oportunidad de volver a lo que, tal vez, nunca debimos dejar de ser.

Instalados en la comodidad de las subvenciones, hemos olvidado en gran medida nuestros orígenes como sociedad civil organizada y movilizada para conseguir el 0.7%, o que la cultura llegue a todos los rincones o defender otras formas de cultura, etc. Como lo que más conozco, por no decir lo único es lo que se refiere a ONGD, me voy a centrar en ellas.

Decía que instalados en la comodidad de las subvenciones, hemos ido manteniendo algunos debates internos sobre modelo de desarrollo, que si humano, que si sostenible, etc que casi nunca han llegado a la calle. Pero, sobre todo, nos hemos dedicado a burocratizarnos y estructurarnos en torno a los proyectos, siempre por exigencia de nuestros financiadores (a los que había que justificar pela a pela) por supuesto, abandonando en gran medida la relación con nuestra base social a la que, demasiadas veces solo hemos visto como “libreta de ahorros”.

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Lo que se veía venir, desde que en el Chile de Pinochet se comenzó a aplicar los principios económicos de la escuela de Chicago, posteriormente con Reagan y Thatcher se pusieron en práctica en el mundo anglosajón con las consecuencias, que denunciábamos en los 90, sobre la crisis de la deuda externa en Iberoamérica especialmente, ha llegado al mundo entero. La crisis creada por los financieros está siendo aprovechada para afianzar el poder del 1% llevándose por delante gran parte de las conquistas sociales en materia de educación, salud, dependencia, pensiones… todo lo que sea susceptible de producir dinero será puesto al servicio de los que sólo quieren dinero.

En materia de cooperación al desarrollo se vuelve a replantear el crecimiento económico como nuevo paradigma central para lograr desarrollo, en espera de que enriquecer más a los de arriba haga que rebose el dinero hacia los de abajo. Esto ya fue abandonado en los 80 cuando se comprobó que no servía, pero los dirigentes mundiales lo vuelven a retomar sin ninguna vergüenza. Las alianzas público-privadas aparecen también en este tema, como en la salud, le educación aduciendo la mayor eficiencia de lo privado a pesar de que la evidencia científica diga lo contrario, no vaya a ser que la realidad les prive de sus beneficios.

Las ONG tenemos hoy la obligación de replantearnos el futuro. Tenemos el deber de, si de verdad queremos cambiar el mundo y no mantenernos a nosotras mismas, ofrecer alternativas, que las hay, a la deriva sin futuro en la que nos están metiendo los poderosos.

La crisis conlleva la oportunidad de aprender de otros modelos y el reto de inventar un nuevo modelo de desarrollo centrado en el ser humano y la naturaleza, en el ecosistema sostenible de producción y consumo responsable y de las finanzas a su servicio y no al revés, con justicia y equidad.

Ser capaces de mostrarnos como sector de transformación social en clave de justicia y derechos, de mostrar que el más mínimo cambio que se logre en el Norte (sobre normas de comercio, subvenciones públicas a la agricultura, ventajas fiscales, etc.) es más efectivo para el desarrollo del Sur que todos los proyectos juntos.

Los tiempos requieren una nueva repolitización de las ONG, ir mucho más allá que los incidencia política estrecha que hacíamos hasta ahora, interlocuciones con instancias públicas, hacer movilizaciones, hacer análisis de la realidad, tener documentos que nos unan, tejer alianzas y redes con otras organizaciones y grupos para poder movilizar, etc. No estrecharla en pedir solamente reuniones con las instancias públicas.

Hay que favorecer el trabajo de las ONG como focos de participación ciudadana, hacer de las organizaciones entidades activas en la construcción de políticas públicas coherentes y alineadas con el nuevo modelo de desarrollo. El enfoque de derechos nos une aquí y en el Sur, nos une a organizaciones del Norte y del Sur, la defensa del derecho a la salud y la educación por ejemplo nos puede unir en esa labor de movilización.

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Otra opción posible es seguir haciendo lo que estábamos haciendo, esperar a que escampe y que, tal vez, vuelva la financiación, y si no vuelve, aliarse con transnacionales interesadas en “crear riqueza” (¿para quién?) a las que, a cambio de migajas, podemos facilitar el acceso a un importante paquete de consumidores en la base de la pirámide social. En resumen, seguir siendo un adorno, la guinda en el pastel de mierda, perdón por la expresión, de la corpocracia (véase el El Atlas de las Nubes de David Mitchell), que nos quieren hacer tragar.

Yo apuesto por tomar partido, hasta mancharnos, en la defensa de otro mundo, de otro desarrollo y de otra economía al servicio de la vida presente y futura.

Para acabar, tal vez a alguien os apetezca oír el poema cantado por Paco Ibáñez