LA SALUBRIDAD NO ES SUFICIENTE SIN LA SOBERANÍA ALIMENTARIA. (7 DE ABRIL DÍA MUNDIAL DE LA SALUD)

Este año, la OMS ha destinado el día mundial de la salud a la salubridad de los alimentos y señala que los alimentos que contienen virus o bacterias, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades, desde la diarrea al cáncer y provoca  dos millones de muertes al año, en su mayoría niños. 

Con la globalización de los suministros alimentarios, la OMS señala que es imprescindible reforzar los sistemas de vigilancia de la inocuidad de los alimentos en todo el mundo. A través del Codex Alimentarius, la OMS a ofrece un conjunto de normas directrices y códigos de prácticas sobre los principales alimentos y procesos.

De cara a este día mundial, la OMS ha publicado cinco claves para la inocuidad de los alimentos que  ofrece a los vendedores y consumidores orientaciones prácticas sobre cómo manipular y preparar los alimentos: Mantener la limpieza, Separar alimentos crudos y cocinados, Cocine los alimentos completamente, Mantener los alimentos a temperaturas seguras, y Usar agua y materias primas inocuas. 

Pero la seguridad de los alimentos no depende solo, ni mucho menos, de vendedores y consumidores. Empezando por los productores, pasando por los transformadores y distribuidores y, como no, por los poderes públicos que son responsables de fijar normas y velar por su cumplimiento para tratar de garantizar que los alimentos que tomamos sean seguros.

La alimentación es uno de los determinantes sociales básicos que definen que la salud sea buena o no, más que la propia atención sanitaria, pero hay más, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 25, reconoce el derecho a la alimentación como un bien primordial que debe ser protegido. Sin embargo, entre 2010 y 2012 ha habido 870 millones de personas en el mundo subalimentadas, el 12,5% de la población global. 

Como en tantas otras cuestiones la desigualdad es lo que caracteriza a este grave incumplimiento de un derecho humano. Así pasa que mientras en España, una familia gasta al mes aproximadamente el 15% de la renta familiar en la compra de alimentos, en muchos lugares del mundo, la parte dedicada a la alimentación representa más del 80% de los ingresos familiares, sin que ello les permita disfrutar de una alimentación equilibrada.

Hoy, a pesar de las innovaciones agroalimentarias y de las mejoras alcanzadas en los sistemas de producción agrícola y los transportes, según el Informe sobre la inseguridad alimentaria en el mundo de la FAO, en 2012 había más hambrientos que en 1990.



En la subalimentación lo importante es, sobre todo, la falta de micronutrientes esenciales, en el otro lado de la moneda, el exceso de nutrientes que se acumulan provoca un deterioro grave de la salud por sí mismo, obesidad, o facilitando la aparición de enfermedades crónicas como diabetes, enfermedad cardiovascular hasta cáncer. 

También en este aspecto la OMS propone límites a los contenidos máximos de ciertos alimentos, como los 25 gramos de azúcar añadido diario para prevenir la obesidad, sobre todo la infantil, y propone la limitación de publicidad sobre alimentos que contengan más azúcar, sobre todo en horario infantil. Demasiadas veces en España se incumplen estos criterios, el gobierno deja en manos de las empresas alimenticias su autorregulación y hay muestras de que ese sistema, sencillamente, no funciona, como está demostrando y denunciando la campaña 25gramos.



La globalización de los suministros de alimentos, lo que ha ocurrido es que un puñado , cinco, de grandes transnacionales controlan el mercado de semillas, abonos, así como el almacenaje, la distribución y la venta de los productos alimentarios. Estas empresas junto a fondos de inversión en futuros que especulan con los precios de los alimentos esenciales, ejercen un control sobre el precio de los productos que  les permite obtener beneficios muy sustanciosos y, además, deja a merced de su codicia a millones de personas pobres cuyo acceso a los alimentos esenciales  —el trigo, el maíz, el arroz— se ve mortalmente restringido.

La extensión cada vez mayor de monocultivos en grandes superficies, destinada a la alimentación del ganado que comemos o a biocombustibles nada ecológicos o para la exportación de flores para adorno provoca que, en demasiadas ocasiones, se expulse a los campesinos que antes producían en ellas su comida y un pequeño excedente para vender.

Hablar de alimentación no puede ser solo de productos agrícolas, hay que hacerlo también sobre la producción ganadera, pero no solo por lo nocivo para la salud del consumo excesivo de carne. La ONU emitió el informe: “La sombra alargada de la ganadería. Aspectos medioambientales y alternativas”, en el que se establece que el sector ganadero emite más gases de efecto invernadero que el del transporte, incluido el aéreo, en concreto, un 40% más. Ese mismo informe de la ONU cuantificaba en el 33% la superficie terrestre utilizada por la ganadería para producir comida para los animales y que el 70% de la selva deforestada en América Latina es para producir forraje para alimentar ganado.



Es necesario que la visión sobre la alimentación deje de ser la seguridad, que está cada vez más claro que es inseparable de la soberanía alimentaria, que el derecho a la alimentación, a una alimentación sana y justa,  debe asociarse al derecho a decidir qué queremos sembrar, cómo lo queremos sembrar, para qué queremos sembrar, dónde y qué vender, qué semillas queremos usar y que se debe separar definitivamente de la especulación y del beneficio escandaloso de unos pocos con las necesidades de todos.

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Cuestiones en relación a la epidemia de Ébola

Descubierta por primera vez en 1976, la fiebre hemorrágica del Ébola es una de las enfermedades más mortíferas para el hombre, con una tasa de mortalidad del 25 al 90 por ciento según los diferentes brotes que se han ido produciendo desde entonces.

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Desde el pasado mes de diciembre que comenzó la actual epidemia de virus Ébola en África occidental, tuvimos las primeras noticias gracias a monsieur Le Pen que otorgaba al Ébola la categoría de solución para la inmigración y ya hace menos tiempo se ha convertido en noticia de primera plana cuando se ha ido sabiendo que afectaba a personal sanitario y a ciudadanos occidentales.

Sin embargo, este brote reúne algunas características especiales que le podían haber convertido en noticia por sí sólo. De momento es la primera vez que afecta a más de un país y es el que ha afectado a más personas y ha provocado más muertes, principalmente porque en esta ocasión ha dejado el medio rural y se ha extendido a las ciudades. Es, sin lugar a dudas, la peor epidemia de Ébola hasta ahora.

La respuesta internacional se ha hecho esperar demasiado y, ni con mucho, está siendo la que se necesita. Los ya de por sí frágiles sistemas de salud de esos países están colapsados, mucho personal sanitario o está enfermo o, en muchos caso ha huido por miedo y los centros de salud se quedan abandonados con lo que se deja de atender al resto de necesidades, malaria, atención al parto, otras infecciones muy prevalentes están provocando más mortalidad que el propio ébola, pero la ayuda sólo se centra en este, y cuando se pase la epidemia, qué?

Da la impresión que más que preocuparnos por los enfermos y los muertos (siempre demasiados, pero no olvidemos que no tantos como por la malaria, por ejemplo), nos movilizamos cuando tememos que llegue a nuestra casa.

En esta ocasión la urgencia y la gravedad de la epidemia, junto a la presión mediática, ha hecho cerrar el foco solo en el Ébola, pero ya hace años que se tiende a dirigir la ayuda en programas verticales centrados en una o en muy pocas enfermedades en detrimento (por la disminución de fondos y por la captación de profesionales sanitarios) del fortalecimiento de los sistemas públicos de salud centrados en una Atención Primaria de Salud potente, accesible, aceptable y de calidad. La inversión en Servicios Públicos de Salud potentes si que ayudaría a ir cerrando la herida de la salud en África.

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En lo que se refiere a España, otra vez, en una emergencia humanitaria, son los medios de comunicación los que imponen la agenda y la respuesta del gobierno, se ha caracterizado por la improvisación y el oportunismo, ha dado una muestra más del desgobierno de nuestro sistema sanitario, caracterizado por la falta de cualquier criterio razonable.

El hospital Carlos III, que había sido referente en medicina tropical, se había reconvertido en centro para crónicos y, por lo visto, no quedaba en España un centro hospitalario capaz del nivel de aislamiento necesario en este caso, y hubo que improvisar, desalojar una planta y reconstruir un par de habitaciones de aislamiento para alojar al padre Miguel Pajares y la hermana de la misma congregación que, por ser española, si se repatrió.

Al principio el coste de la evacuación se iba a pasar a la orden religiosa, luego ya no, iba a ser a cargo del estado (de qué partida?, de sanidad, de cooperación, de la destinada a la marca España?). Lo que nadie ha explicado es con qué criterio se había decidido reconvertir el Carlos III, con cuál otro se decidió desalojar y re-reconvertir una planta de ese centro para acoger a los dos religiosos, con qué otros se tomó la decisión de repatriar a estos dos y no a sus compañeros, y por fin, cómo se decidió quién se hacía cargo de los costes de la operación.

Porque lo que de verdad debe preocuparnos en España no es el riesgo de que se extienda el Ébola aquí, por lo demás muy poco probable, sino la permanente falta de criterios razonables, basados en evidencias, con que se hacen las cosas en este país. La exclusiva preocupación de la gran mayoría de nuestros diferentes gobiernos no va más allá de las próximas elecciones y de hacer o decir cualquier cosa con tal de tener un buen resultado, y consideran las diferentes administraciones a todos los niveles su propio cortijo y de regirlo con un cortoplacismo y una miopía impropias.

Combatir la desigualdad en defensa del derecho a la salud

El Día Mundial de la Salud se celebra el 7 de abril de cada año en comemoración del aniversario de la fundación de la OMS en 1948. El tema para 2014 son las enfermedades transmitidas por vectores.

Los vectores son organismos que transmiten patógenos de una persona (o animal) infectada a otra. Las enfermedades vectoriales son las causadas por estos patógenos en el ser humano, y generalmente son más frecuentes en zonas tropicales y lugares con problemas de acceso al agua potable y al saneamiento.

El Día Mundial de la Salud 2014 se centrará en algunos de los vectores más conocidos, como los mosquitos, los flebótomos, las chinches, las garrapatas o los caracoles, responsables de la transmisión de una amplia gama de patógenos que afectan al ser humano o a los animales. Los mosquitos, por ejemplo, transmiten no solo el paludismo y el dengue, sino también la filariasis linfática, la fiebre chikungunya, la encefalitis japonesa y la fiebre amarilla.

Se calcula que la enfermedad vectorial más mortífera (el paludismo) causó 660 000 muertes en 2010, la mayoría en mujeres y niños africanos. No obstante, la enfermedad de este tipo con mayor crecimiento en el mundo es el dengue, entre ellas está también la enfermedad de Chagas, una de las más olvidadas entre estas enfermedades según la OMS y, como se puede ver, las que más morbimortalidad producen se pueden considerar enfermedades de los pobres, esos que no pueden pagar los medicamentos que diseñan las empresas farmacéuticas.

En su papel de defensa del derecho a la salud, es importante que la OMS trate de generar conciencia acerca de la importancia de estas enfermedades y de hacer campañas destinadas a hacerlas más visibles entre los que no las sufrimos, pero no debiera ser menos importante denunciar la relación de la pobreza, la exclusión y la desigualdad con ellas en particular y con el nivel de salud en general.

Hasta Paul Krugman (premio Nobel de economía) cita un informe que revela que “uno de los aspectos más cruciales del bienestar, la malnutrición infantil (que provoca una mala salud crónica e importantes limitaciones tanto físicas como intelectuales), no mejora en absoluto por un crecimiento más rápido”, porque las causas de esas lacras son “la desigualdad en la distribución de la riqueza y la falta de implementación eficaz de los servicios públicos” básicos.

Este 7 de Abril, en España, donde este tipo de enfermedades tiene escasa incidencia y gravedad, le defensa del derecho a la salud y a la cobertura sanitaria universal debe señalar que la mayor amenaza para nuestra salud está en la desigualdad y en la pobreza.
Llevamos unas semana en las que se van haciendo públicos diversos informes publicados por entidades tan poco sospechosas de revolucionarias como la OCDE, la UE y Cáritas que señalan que las políticas llevadas adelante por el gobierno de España desde 2010, no han hecho otra cosa que aumentar las desigualdades sociales en nuestro país.

En España, el riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9 %, casi nueve puntos por encima de la media de la UE, que estuvo en el 21,4 %, según datos de 2013 de Eurostat. Además el índice de fracaso escolar casi duplica a la media europea

La brecha entre ricos y pobres ha crecido en España más que en ningún otro país de la OCDE entre 2007 y 2010. En ese periodo, los ingresos del 10% más rico cayeron un 1% anual, mientras que los ingresos del 10% más pobre cayeron casi un 14% de media anual.

Las ayudas sociales no están bien diseñadas ni suficientemente orientadas a los más necesitados. Aunque la tasa de paro en España es dos veces y media la de la UE, el gasto en prestaciones está en un nivel similar.

Según datos del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, el fraude fiscal en nuestro país asciende a más de 70.000 millones de euros anuales, de los cuales el 72% corresponden a las grandes fortunas y grandes empresas. Esa cifra equivale al presupuesto total del sistema sanitario público y es sensiblemente mayor que los intereses anuales pagados por la deuda pública. Tax Justice Network estima que los depósitos en los paraísos fiscales provenientes de España alcanzan la cifra de 550.000 millones de euros.

Todas estas realidades son fruto de una política deliberada que se presenta como inevitable pero que de ninguna manera lo es. Además estas realidades tiene un reflejo directo en nuestro nivel de salud actual con mayor incidencia de enfermedades asociadas el stress como depresiones, alcoholismo y otras dependencias, asociadas a la mala alimentación, etc y en el futuro en la salud y en la expectativa de vida de ese 30 por ciento de niños pobres.

Porque nuestro nivel de salud depende de un conjunto de determinantes sociales como nuestra alimentación, las condiciones de vida de nuestra madre durante la gestación y los dos primeros años de vida; la educación, la nuestra y la de nuestros padres especialmente la madre; las condiciones de la vivienda, tener un trabajo digno, las posibilidades de participación en la sociedad y la política. Todo esto se complementa con el suministro de agua limpia y de una justa distribución de la riqueza.

Las decisiones gubernamentales contrarias a los intereses de la mayoría reflejan una clara opción de política legislativa que beneficia a unos grupos sociales muy concretos.

Un ejemplo, los recortes en pensiones prevén ahorrar 809 millones € en 2014, según se indica en la propia memoria económica de la reforma, en el mismo ejercicio el Estado dejará de ingresar más del doble de la mencionada cifra (1.657,43 millones) como consecuencia de los beneficios fiscales a los planes de pensiones privados que benefician fundamentalmente a las rentas más elevadas.

Otro ejemplo, la reforma fiscal, probablemente, llegará incluyendo una medida que aparentemente puede parecer inocua, es la desgravación de las aportaciones a seguros de salud privados con la excusa de que los que acudan a servicios privados producirán un ahorro en el sistema público. Pues bien, no está nada claro que el doble aseguramiento suponga ahorros al sistema público de salud. El estudio más riguroso llevado a cabo en nuestro país afirmaba que la reintroducción de una desgravación del 15% en Cataluña supondría una pérdida de ingresos fiscales superior al teórico aumento del gasto público derivado de su no reintroducción ( Rodríguez M, Stoyanova A. 2008).

Un último ejemplo, según denuncia Cáritas, con la mitad del dinero que parece que se va a emplear en rescatar las autopistas que nunca debieron construirse, se podría rescatar a los 700.000 hogares sin ningún tipo de ingresos que hay en España (500.000 si se restan los que tienen rentas mínimas).

En los tres ejemplos se favorece deliberadamente a la minoría con rentas más altas en detrimento de los sistemas públicos de redistribución de la riqueza (salud, educación pensiones) y de esa forma se deteriora la salud de la mayoría de la población.

En el día mundial de la salud debemos exigir que toda política que se quiera implementar deba pasar el filtro de su influencia en el nivel de salud de la población, tanto si se trata de hacer autopistas como de construir un hospital, o de privatizar o no un servicio de aguas porque ninguna de las opciones es neutral.

SOBRE EL ABORTO

Parece que, tras dos años de gobierno, al final el partido popular va a cumplir una (¿la única?) de sus promesas electorales. Se trata de la nueva regulación del aborto. Como no podía ser de otra forma, en aplicación de la neolengua a la que nos tiene tan acostumbrados este gobierno le coloca un nombre (no pienso molestarme en reproducirlo) que dice lo contrario del contenido real del proyecto de ley, de la misma forma que las famosas “sostenibilidades” del sistema nacional de salud o de las costas o la ley de “seguridad ciudadana” que lo único que asegura es que si manifiestas tu libertad de pensamiento y expresión en contra del gobierno puedes acabar muy mal.

Leí hace unos días a alguien que se preguntaba qué les parecería a los partidarios de esta nueva ley si un ministro de salud que fuese testigo de Jehová prohibiera las transfusiones de sangre e incluso los trasplantes y las vacunaciones. Parece que a los testigos de momento no les da por ahí, pero a algunos ultracatólicos si quieren hacerlo a su manera.

En el tema del aborto el debate puede ir muy lejos. Podemos hablar sobre cuándo empieza la vida, pero para ello deberíamos definir primero qué es vida y más aún qué es vida humana. Ahora mismo no creo que la ciencia pueda, ni creo que deba, afirmar con seguridad en qué momento empieza esta vida. Digo que no creo que deba porque este debate está demasiado influido por ideas ajenas a la ciencia, ideas religiosas que afirman que la vida es un don de dios, sólo basadas en la fe.

Si definimos la vida como la capacidad de existir de forma independiente y separada del cuerpo materno, el feto no es viable hasta pasados unos cuantos meses de embarazo, cuando si se adelantara el parto, sería posible su vida fuera del útero. Pero si entramos en el debate de qué es vida humana, las “exigencias” serían mayores y no sólo afectarían al caso del aborto sino de la eutanasia por ejemplo y este es otro debate y da para mucho además.

En agosto del año pasado en la entrada titulada LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS Y SU RELACIÓN CON LA SALUD, decía entre otras cosas: Los entornos de riesgo en los que a veces se ven obligadas a someterse a abortos muchas mujeres reflejan no solo la desesperación de estas mujeres sino, también, y, a menudo, la pasividad del Estado a la hora de respetar, proteger y realizar los derechos de la mujer. Y también que, entre los principios básicos para intervenir en salud sexual y reproductiva, estaban los del principio de ciudadanía y el de laicidad y democracia real.

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En el caso de España la pasividad del estado se ha acabado. El proyecto de ley supone una intromisión en toda regla en los úteros de las mujeres, una intervención del gobierno de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y de los hombres, españolas, contraviniendo de forma brutal los dos principios que antes he señalado.

El de laicidad porque lo hace en respuesta a las demandas de la jerarquía católica española, una de las más fundamentalistas del mundo con Rouco a la cabeza, y a la propia ideología (alguien la califica de cristofascista) del ministro Gallardón. Esto convierte a esta ley en injusta, paternalista, autoritaria, degradante y machista.

El de ciudadanía porque por un lado convierte a la mitad de la población española, las mujeres, en menores de edad que necesitan ser tuteladas por el Estado y la iglesia y porque además el 70 por ciento de los españoles nos manifestamos cómodos con la actual ley de plazos. Lo que hace que está ley sea, además, innecesaria.

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Pero todavía más, esta es una ley contraproducente y peligrosa porque está demostrado que con leyes restrictivas no sólo no disminuyen los abortos sino que aumentan y también lo hacen los riesgos para la salud de las madres, las pobres por supuesto, que tiene que abortar en condiciones inseguras.

Además, la no inclusión del supuesto de malformaciones del feto, la convierte en una ley cruel porque obligará a tener niños no deseados y con malformaciones importantes, al tiempo que vacían de contenido la ley de dependencia que puede ayudar a sobrellevar a duras penas la carga que supone, una vez más de forma más importante, en familias con menos medios, lo que también la hace una ley clasista.

En fin, tengo muy claro que eso que el ministro califica como la ley más progresista del mundo mundial, no es más que la imposición de su fanatismo e intolerancia y demuestra que aquel que se presentaba como el progresista de la derecha española, es un misógino empedernido, hipócrita y meapilas.

En cuanto a aborto, sólo una ley de plazos razonable como la actual, y con la que el último año se han reducido un 5% los abortos, junto con una buena educación sexual y para la salud y un buen sistema de Atención Primaria de Salud, que incluya la salud sexual y reproductiva, son garantía del respeto de los derechos de todas y todos.

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AUSTERIDAD Y BANALIZACIÓN DEL MAL

Llevo unos días leyendo el libro de Stuckler y Basu “Por qué la austeridad mata: el coste humano de las políticas de recorte” que, por cierto, recomiendo leer porque explica claramente lo que el título dice de forma accesible a cualquiera sin renunciar al rigor. Según avanzo en sus exposiciones acerca de los resultados sobre la salud de las personas de las diferentes políticas que se aplican para tratar de salir de la crisis, más me indigno.

Como ellos mismos dicen, si la austeridad fuera un estudio clínico sobre un medicamento para tratar la enfermedad de la crisis, hace tiempo que se debiera haber detenido porque la ética de estos estudios lo hubiera exigido. Porque no sólo no produce el efecto esperado, salir de la crisis, sino que, además, los efectos secundarios sobre la salud de las personas individuales y la sociedad en general son devastadores.

La primera vez que se llevó adelante este mismo experimento, en los EEUU tras la crisis de 1929, ya se vio que en los estados que aplicaron el New Deal no solo se salió antes de la crisis, sino que los efectos sobre la salud de la población fueron positivos, en los que no lo hicieron, todo lo contrario, la crisis se alargó y la salud de las personas sufrió grandes daños físicos y síquicos

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El segundo gran experimento tuvo lugar en el sudeste asiático y en Europa del Este tras la URSS. Los resultados fueron los mismos. Aquellos estados que aplicaron la austeridad o en el caso de la URSS la privatización “exprés” (en menos de dos años como Rusia) tardaron muchos más años en volver a un PIB similar al anterior del proceso y el daño a la salud de las personas fue demencial. En el caso de Rusia se entre 1991 y 1994, la esperanza de vida de los varones descendió 7 años (de 64 a 57 años), la tasa de mortalidad entre los varones de entre 25 y 39 años, aumentó un criminal 90%. Al mismo tiempo, otros países de la esfera comunista hicieron lo mismo más despacio y no sólo crecieron económicamente antes sino que los efectos sobre su población no se produjeron, mientras en Polonia la mortalidad global se redujo un 10%, en Rusia aumentó un 35% por poner un ejemplo.

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Más actuales tenemos los casos de Islandia y Grecia o España y Portugal en los que se sigue insistiendo en el mismo "experimento". Todo esto deja claro, hace evidente, que no es la crisis la que produce daños en la salud, es la clase de políticas que se implementan para tratar de salir de ella. Sin embargo, se insiste en que para salir de hoyo hay que seguir cavando cuando la evidencia, y la lógica, demuestra lo contrario.

Ayer vi en el cine la película de M Von Trotta, Hannah Arendt, que me hizo pensar acerca de la relación de todo aquello que ella decía acerca de la banalización del mal (creo que voy a tener que dedicar algo de tiempo a leer cosas de esta mujer). Pues bien, aquellos que están insistiendo de forma contumaz sobre la necesidad de más y más austeridad y estos que, de forma automática, aplican sus leyes sobre sus pueblos, ¿no son muy parecidos a los nazis que dictaron leyes de exterminio y a aquellos "funcionarios" autómatas y acríticos que las aplicaban llenando los trenes de personas hacia los campos de exterminio?

¿No es suficiente con que una vez, incluso en dos ocasiones, un experimento no funcione para renunciar a aplicarlo? ¿La insistencia en el error, sobre todo si este daña a las personas, no es un mal radical en el sentido que le daba H Arendt? ¿Las consecuencias mortales de estos experimentos no constituyen un tipo de genocidio? ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que la ideología se disfrace de ciencia y se sigan aplicando políticas que sólo benefician al 1% en contra de todos los demás?

¿DERECHO A LA SALUD?

Hay muchas definiciones de salud y, seguramente, una de las peores es la de la OMS (“la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”), porque ¿quién puede aplicarse a sí mismo esa definición de forma continuada? y porque es probable que en esta definición está el germen de la paradoja de que tengamos la mayor expectativa de vida y con mayor calidad de la historia y, sin embargo, la percepción acerca de nuestra salud sea mala.

La salud es el resultado final de un conjunto de determinantes que, en un momento dado, producen un estado concreto que permite el disfrute de la vida, aún con limitaciones e inconvenientes. La salud depende de nuestra alimentación, de las condiciones de vida de la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades” madre durante la gestación y los dos primeros años de vida; de la educación, la nuestra y la de nuestros padres especialmente la madre; de las condiciones de la vivienda, de tener un trabajo digno, de las posibilidades de participación en la sociedad y la política. Todo esto se complementa con el suministro de agua limpia y de una justa distribución de la riqueza.

Reclamar el derecho a la salud, no puede ser pedir que nadie padezca diabetes ni una gripe, es exigir a los poderes públicos las condiciones que faciliten la mayor cantidad y calidad de vida y la mayor salud posibles a la mayor cantidad de personas posible. Esto supone exigir que los gobiernos realicen políticas de salud pública (agua, saneamiento, vacunaciones esenciales, campañas educativas…) pero sobre todo que impongan el estudio del impacto en salud de todas las actividades, de la misma forma que se exige el estudio de impacto ambiental.

Los servicios sanitarios son también un determinante de la salud, pero demasiadas veces se tiende a confundir salud con atención médica y lo cierto es que los servicios de salud son casi unos recién llegados a la constelación de determinantes de la salud y su acción no debe,ni puede, suplir el deterioro de los más básicos, renta o educación por ejemplo. Porque «la causa de las enfermedades transmitidas por el agua no es la falta de antibióticos, sino la suciedad del agua, y las fuerzas políticas, sociales y económicas que no logran proporcionar agua limpia a todos; la causa de las cardiopatías no es la carencia de unidades de atención coronaria, sino el modo de vida de la población, que está configurado por el entorno en que vive; la obesidad no es culpa de un vicio personal, sino de la excesiva disponibilidad de alimentos ricos en grasas y azúcares» (Sir Michel Mormont)

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La importancia de los determinantes sociales de la salud se demuestra muy bien en las épocas de crisis. En un reciente artículo publicado en The Lancet ( Financial crisis, austerity, and health in Europe) se dice que “la interacción entre la austeridad fiscal en las crisis económicas y unas débiles políticas de protección social agudizan las crisis sanitarias y sociales en Europa”. Compara el deterioro de la salud en países como Grecia, España, Italia y Portugal por las políticas de austeridad, con la inexistencia de ese deterioro en Islandia que optó por otra salida. También llega a comparar la opacidad de las autoridades europeas para reconocer estos datos con la de la industria del tabaco a la hora de reconocer los daños que provoca su producto

También en los años 90, tras la caída del muro, la crisis en Rusia con privatizaciones, paro, nulas políticas sociales, etc llevó a un retroceso importante en la expectativa de vida como demostración del deterioro de la salud de la población y sin embargo en esos mismos años, Finlandia con una crisis financiera importante, llevó adelante otras políticas con más inversión social y no se produjo deterioro de la salud poblacional.

Otro aspecto a tener en cuenta en las crisis es la desigualdad. Hay estudios que muestran que la polarización de las rentas conducen a importantes problemas tanto sociales como sicológicos, desde la obesidad a la delincuencia pasando por la mortalidad infantil, las adicciones al juego y a las drogas, enfermedades mentales y esperanza de vida. En estos años el Índice Gini que mide la desigualdad, ha aumentado en España más de dos puntos, cuatro si contamos desde 2004, todo ello como fruto de las políticas fiscales escasamente progresivas y de los recortes sociales.

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Todo esto demuestra que no es la crisis la que deteriora la salud, aumento de suicidios, aumento de mortalidad cardiovascular, aumento de infecciones, sino que son las políticas de austeridad que imponen la UE, FMI y BCE y que los gobiernos aplican incluso en contra de sus propios programas las que lo hacen. Que es precisamente en las crisis cuando más hay que invertir en esos determinantes básicos para la salud, como la educación y el resto de políticas sociales, no cayendo en la tentación de privatizar servicios básicos como suministro y depuración de agua y servicios de salud porque la experiencia es que son pan para hoy y hambre para mañana y que, a la larga, estos servicios se deterioran y perjudican a los ciudadanos que terminan recibiendo un servicio peor y más caro.

Nuestro Servicio Nacional de Salud es mejorable. El crecimiento del presupuesto sanitario de los últimos años, por impulso de la burbuja inmobiliaria, no es sostenible a largo plazo, pero la solución no está ni en los recortes o copagos ni en la privatización. Se hace imprescindible un diálogo social para desinvertir en lo innecesario o directamente despilfarrador, que lo hay y mucho, y para priorizar con criterios sanitarios y no económicos. Hay alternativas y están sobre la mesa, pero no parece que nuestros gobiernos estén por la labor de escuchar a los profesionales de la salud, sino que se mantienen tercos en entregar “la oportunidad de negocio” al beneficio privado, como he dicho antes, pan para hoy y hambre para mañana y si no que vean la carga que va a suponer a los madrileños los hospitales de gestión privada año a año hasta dentro de treinta años.

Nota: Este artículo se ha publicado en la webs de medicusmundi y se ha enviado a medios de comunicación, alguno de los cuales se ha hecho eco del contenido del mismo, como Europapress.es

HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y DÍA MUNDIAL DE LA SALUD

En 1948, la Primera Asamblea Mundial de la Salud propuso que se estableciera un «Día Mundial de la Salud» para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde 1950, el Día Mundial de la Salud se viene celebrando cada 7 de abril. Todos los años se elige para esa jornada un tema de salud específico a fin de destacar un área prioritaria de interés para la OMS.

Al menos en los últimos 15 o 20 años, ha venido enfocando estos días sobre temas básicos en salud como el envejecimiento sano, el papel del urbanismo en la salud, salud materno-infantil, enfermedades infecciosas, personal sanitario, necesidad de invertir en salud… Este año pone el foco en la Hipertensión Arterial.

La hipertensión no es en sí misma una enfermedad, es un FACTOR DE RIESGO para enfermedad cardiovascular (insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, ictus cerebral) y para insuficiencia renal. La hipertensión se puede prevenir si se reduce el consumo de sal, si se sigue una dieta balanceada y saludable, si se evita el consumo nocivo de alcohol, se elimina el tabaco, y si se mantiene un estilo de vida físicamente activo y un peso corporal saludable.

Para poder cumplir estos condicionantes básicos en la prevención de la enfermedad cardiovascular, tanto el ritmo de vida en unos casos, como las posibilidades económicas y sociales en otros, deben permitir acceder a ellos. No siempre es posible mantener una buena alimentación, ni hay posibilidad de dedicar tiempo a “cuidarse”, ni el nivel educativo nos capacita para ello, pero indudablemente es más eficiente atender a estas limitaciones que medicalizar el problema.

Decir que la HTA es un factor de riesgo supone que aquellas personas que tienen cifras persistentemente elevadas de tensión arterial tienen, estadísticamente, más riego de acabar padeciendo una enfermedad cardiovascular y más todavía si, además tienen otros factores de riesgo, como la obesidad, la diabetes o fuman. Pero eso no quiere decir que si alguien no reúne ninguna de esas condiciones no pueda sufrir un infarto de miocardio o un ictus.

Ha habido muchos estudios clínicos que han demostrado esta asociación de la hipertensión arterial con una mayor posibilidad de enfermedad cardiovascular, pero el salto de asociación a causa de enfermedad cardiovascular es bastante atrevido y bastante más atrevidas son las cifras, cada vez menores, a partir de las cuales se considera a alguien hipertenso y por tanto “digno” de seguimiento y controles periódicos que, en la mayoría de los casos, no le van a reportar ningún beneficio y sí, cuando menos, la sensación de tener mala salud o de ser un enfermo.

Hace unos años, a finales de los 90, tras unos cuantos estudios promovidos fundamentalmente por la industria farmacéutica se revisaron los criterios de normalidad y se bajó la cifra a partir de la cual uno es hipertenso o diabético o tiene exceso de colesterol, eso convirtió en “enfermo”, de un día para otro, a varios millones de personas. El mercado de medicamentos aumentó un 38% de hipertensos, el 14% de diabéticos y hasta un 85% en el caso del colesterol elevado. Yendo un poco más lejos ya se ha definido la preHipertensión para la que se empieza a recomendar seguimiento y tratamiento, en fin todo un poco bastante absurdo, pero bastante rentable económicamente para algunos.

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Otro aspecto a tener en cuenta cuando hablamos de hipertensión es el diferente riesgo según las poblaciones. Con cifras de 145/85 mmHg la mortalidad cardiovascular de los anglosajones fue de 70 por 10.000 habitantes, en los países mediterráneos, sin embargo fue de 20, con cifras de 160 de diastólica (la máxima) la mortalidad fue de 100 y de 40 por 10.000 respectivamente entre los anglosajones y mediterráneos, parece que nuestra herencia genética, cultural y social nos protege contra las enfermedades cardiovasculares.

El objeto de controlar la tensión no es bajar la cifra sino reducir la mortalidad y no hay evidencia clara de que tratar personas con cifras menores de 160/100 produzca esa reducción de la mortalidad. Por ello y asumiendo que los medicamentos siempre tienen efectos indeseados, secundarios, no tiene ningún sentido que se utilicen para tratar cifras menores dado que es más probable que hagan daño que beneficio, no aportan salud.

Aprovechemos nuestra herencia mediterránea, disfrutemos de mantener nuestra deliciosa y sana dieta rica en aceite de oliva, verduras, frutas, legumbres y pescado, procuremos seguir comiendo sentados y, a ser posible, de la sobremesa posterior, reduzcamos la sal, salgamos a pasear y, si es posible, dejemos de fumar. Disfrutar de la vida es la mejor manera de seguir manteniéndonos sanos y libres de intervenciones médicas innecesarias, como dice el título del libro de Juan Gervas y Mercedes Pérez Fernández, cuya lectura os recomiendo.