AHORA LO LLAMAN “SOCIEDAD PARTICIPATIVA”

Poco a poco los poderosos se van apropiando de términos y palabras, que hasta ahora tenían un sentido progresista, los vacían de su contenido primordial y le van dando otro significado contrario al inicial.

No me refiero a decir por ejemplo que los salarios en España crecen moderadamente o que los pensionistas no van a perder poder adquisitivo con la reforma de las pensiones y añadir que se van a ahorrar 33.000 millones de €uros en los próximos años. No, eso son directamente mentiras que, con desfachatez e indecencia, nuestro gobierno trata de vendernos a través de los medios antiperiodísticos afines.

A lo que me refiero es al uso de términos como sostenibilidad, progreso, desarrollo y el último, de momento, es PARTICIPATIVO.

Parece ser que allá por los Países Bajos hay un gobierno, supuestamente de centroizquierda que le escribió un discurso al rey de dicho país en el que daban el pistoletazo de salida a la idea de la sociedad participativa.

Cualquier persona con sensibilidad democrática aplaudiría la idea, ¿quién puede oponerse a que se avance en la participación de la ciudadanía? ¿No es eso lo que se pide desde los movimientos sociales, que podamos participar más, mucho más allá que votar cada cuatro años? Pues no, no se trata de eso.

De lo que se trata es de dar un paso más en la destrucción del estado, ya no de reducirlo sino de desmantelar todo aquello que el estado podría tener de redistributivo. “El Estado de bienestar clásico desaparecerá” y será sustituido por una sociedad “en la que todos los que tengan capacidad para ello, deberán asumir sus responsabilidades para su propia vida y la de su entorno”. Vamos que cada palo aguante su vela y el individuo centro de todo, medida de todo.

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Hay que tener valor para llamar participativa a una sociedad basada en la estricta responsabilidad individual ante los riesgos sociales. No deja de ser curioso que el término hasta sido acuñado en los Países Bajos, donde hace ya unos años privatizaron el Servicio de salud y no sólo no ahorran, más bien lo contrario, ni mejoran sus niveles de salud. Ahora en vista del éxito (seguro que algunos se han enriquecido mucho y esa es la medida del éxito) pretenden seguir hasta el final la senda de las privatizaciones aprovechando que la crisis permite justificarlas como inevitables.

La llamada sociedad participativa no deja de ser uno más de los eufemismo que los ideólogos del neoliberalismo van imponiendo, tratando de lograr la resignación ciudadana ante la supuesta inviabilidad del estado de bienestar. Un nuevo eufemismo que trata de ocultar la realidad de aumento de desigualdad y crecimiento de la pobreza, recorte de prestaciones sociales, restricción de desarrollo democrático, limitación de la negociación colectiva. Un nuevo eufemismo que esconde los intereses mercantiles por privatizar nuestros derechos y convertirlos en mercancías a mayor gloria de sus cuentas de resultados.

Es, en fin, un paso más en la contrarreforma (¿cuándo empezarán a llamarla revolución?) de la sociedad desde un planteamiento interclasista, integrador, solidario y redistributivo a esta sociedad clasista, individualista, competitiva y dualizadora.

Ya que nos piden participación, démosles participación, en la calle, en las elecciones, por todos los medios. Démosles lo que se merecen, enseñémosles el camino de salida y defendamos lo que es nuestro, nuestros derechos y los de las generaciones que nos van a seguir.

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AUSTERIDAD Y BANALIZACIÓN DEL MAL

Llevo unos días leyendo el libro de Stuckler y Basu “Por qué la austeridad mata: el coste humano de las políticas de recorte” que, por cierto, recomiendo leer porque explica claramente lo que el título dice de forma accesible a cualquiera sin renunciar al rigor. Según avanzo en sus exposiciones acerca de los resultados sobre la salud de las personas de las diferentes políticas que se aplican para tratar de salir de la crisis, más me indigno.

Como ellos mismos dicen, si la austeridad fuera un estudio clínico sobre un medicamento para tratar la enfermedad de la crisis, hace tiempo que se debiera haber detenido porque la ética de estos estudios lo hubiera exigido. Porque no sólo no produce el efecto esperado, salir de la crisis, sino que, además, los efectos secundarios sobre la salud de las personas individuales y la sociedad en general son devastadores.

La primera vez que se llevó adelante este mismo experimento, en los EEUU tras la crisis de 1929, ya se vio que en los estados que aplicaron el New Deal no solo se salió antes de la crisis, sino que los efectos sobre la salud de la población fueron positivos, en los que no lo hicieron, todo lo contrario, la crisis se alargó y la salud de las personas sufrió grandes daños físicos y síquicos

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El segundo gran experimento tuvo lugar en el sudeste asiático y en Europa del Este tras la URSS. Los resultados fueron los mismos. Aquellos estados que aplicaron la austeridad o en el caso de la URSS la privatización “exprés” (en menos de dos años como Rusia) tardaron muchos más años en volver a un PIB similar al anterior del proceso y el daño a la salud de las personas fue demencial. En el caso de Rusia se entre 1991 y 1994, la esperanza de vida de los varones descendió 7 años (de 64 a 57 años), la tasa de mortalidad entre los varones de entre 25 y 39 años, aumentó un criminal 90%. Al mismo tiempo, otros países de la esfera comunista hicieron lo mismo más despacio y no sólo crecieron económicamente antes sino que los efectos sobre su población no se produjeron, mientras en Polonia la mortalidad global se redujo un 10%, en Rusia aumentó un 35% por poner un ejemplo.

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Más actuales tenemos los casos de Islandia y Grecia o España y Portugal en los que se sigue insistiendo en el mismo "experimento". Todo esto deja claro, hace evidente, que no es la crisis la que produce daños en la salud, es la clase de políticas que se implementan para tratar de salir de ella. Sin embargo, se insiste en que para salir de hoyo hay que seguir cavando cuando la evidencia, y la lógica, demuestra lo contrario.

Ayer vi en el cine la película de M Von Trotta, Hannah Arendt, que me hizo pensar acerca de la relación de todo aquello que ella decía acerca de la banalización del mal (creo que voy a tener que dedicar algo de tiempo a leer cosas de esta mujer). Pues bien, aquellos que están insistiendo de forma contumaz sobre la necesidad de más y más austeridad y estos que, de forma automática, aplican sus leyes sobre sus pueblos, ¿no son muy parecidos a los nazis que dictaron leyes de exterminio y a aquellos "funcionarios" autómatas y acríticos que las aplicaban llenando los trenes de personas hacia los campos de exterminio?

¿No es suficiente con que una vez, incluso en dos ocasiones, un experimento no funcione para renunciar a aplicarlo? ¿La insistencia en el error, sobre todo si este daña a las personas, no es un mal radical en el sentido que le daba H Arendt? ¿Las consecuencias mortales de estos experimentos no constituyen un tipo de genocidio? ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que la ideología se disfrace de ciencia y se sigan aplicando políticas que sólo benefician al 1% en contra de todos los demás?

TOMAR PARTIDO HASTA MANCHARSE

Tomo el título del poema de Gabriel Celaya. “la Poesía es un Arma Cargada de Futuro , de la que también tomo la idea de que nuestras acciones, el poema dice cantares, no pueden ser sin pecado un adorno.

Las medidas que toman los gobiernos para, según dicen, sacarnos de la crisis están suponiendo para las ONG de cualquier tipo, sociales, culturales, de desarrollo, una amenaza por los recortes en la financiación a la que hasta ahora hemos estado acostumbrados. Sin embargo, a mi me parece que podemos, y debemos, aprovecharla como una oportunidad de volver a lo que, tal vez, nunca debimos dejar de ser.

Instalados en la comodidad de las subvenciones, hemos olvidado en gran medida nuestros orígenes como sociedad civil organizada y movilizada para conseguir el 0.7%, o que la cultura llegue a todos los rincones o defender otras formas de cultura, etc. Como lo que más conozco, por no decir lo único es lo que se refiere a ONGD, me voy a centrar en ellas.

Decía que instalados en la comodidad de las subvenciones, hemos ido manteniendo algunos debates internos sobre modelo de desarrollo, que si humano, que si sostenible, etc que casi nunca han llegado a la calle. Pero, sobre todo, nos hemos dedicado a burocratizarnos y estructurarnos en torno a los proyectos, siempre por exigencia de nuestros financiadores (a los que había que justificar pela a pela) por supuesto, abandonando en gran medida la relación con nuestra base social a la que, demasiadas veces solo hemos visto como “libreta de ahorros”.

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Lo que se veía venir, desde que en el Chile de Pinochet se comenzó a aplicar los principios económicos de la escuela de Chicago, posteriormente con Reagan y Thatcher se pusieron en práctica en el mundo anglosajón con las consecuencias, que denunciábamos en los 90, sobre la crisis de la deuda externa en Iberoamérica especialmente, ha llegado al mundo entero. La crisis creada por los financieros está siendo aprovechada para afianzar el poder del 1% llevándose por delante gran parte de las conquistas sociales en materia de educación, salud, dependencia, pensiones… todo lo que sea susceptible de producir dinero será puesto al servicio de los que sólo quieren dinero.

En materia de cooperación al desarrollo se vuelve a replantear el crecimiento económico como nuevo paradigma central para lograr desarrollo, en espera de que enriquecer más a los de arriba haga que rebose el dinero hacia los de abajo. Esto ya fue abandonado en los 80 cuando se comprobó que no servía, pero los dirigentes mundiales lo vuelven a retomar sin ninguna vergüenza. Las alianzas público-privadas aparecen también en este tema, como en la salud, le educación aduciendo la mayor eficiencia de lo privado a pesar de que la evidencia científica diga lo contrario, no vaya a ser que la realidad les prive de sus beneficios.

Las ONG tenemos hoy la obligación de replantearnos el futuro. Tenemos el deber de, si de verdad queremos cambiar el mundo y no mantenernos a nosotras mismas, ofrecer alternativas, que las hay, a la deriva sin futuro en la que nos están metiendo los poderosos.

La crisis conlleva la oportunidad de aprender de otros modelos y el reto de inventar un nuevo modelo de desarrollo centrado en el ser humano y la naturaleza, en el ecosistema sostenible de producción y consumo responsable y de las finanzas a su servicio y no al revés, con justicia y equidad.

Ser capaces de mostrarnos como sector de transformación social en clave de justicia y derechos, de mostrar que el más mínimo cambio que se logre en el Norte (sobre normas de comercio, subvenciones públicas a la agricultura, ventajas fiscales, etc.) es más efectivo para el desarrollo del Sur que todos los proyectos juntos.

Los tiempos requieren una nueva repolitización de las ONG, ir mucho más allá que los incidencia política estrecha que hacíamos hasta ahora, interlocuciones con instancias públicas, hacer movilizaciones, hacer análisis de la realidad, tener documentos que nos unan, tejer alianzas y redes con otras organizaciones y grupos para poder movilizar, etc. No estrecharla en pedir solamente reuniones con las instancias públicas.

Hay que favorecer el trabajo de las ONG como focos de participación ciudadana, hacer de las organizaciones entidades activas en la construcción de políticas públicas coherentes y alineadas con el nuevo modelo de desarrollo. El enfoque de derechos nos une aquí y en el Sur, nos une a organizaciones del Norte y del Sur, la defensa del derecho a la salud y la educación por ejemplo nos puede unir en esa labor de movilización.

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Otra opción posible es seguir haciendo lo que estábamos haciendo, esperar a que escampe y que, tal vez, vuelva la financiación, y si no vuelve, aliarse con transnacionales interesadas en “crear riqueza” (¿para quién?) a las que, a cambio de migajas, podemos facilitar el acceso a un importante paquete de consumidores en la base de la pirámide social. En resumen, seguir siendo un adorno, la guinda en el pastel de mierda, perdón por la expresión, de la corpocracia (véase el El Atlas de las Nubes de David Mitchell), que nos quieren hacer tragar.

Yo apuesto por tomar partido, hasta mancharnos, en la defensa de otro mundo, de otro desarrollo y de otra economía al servicio de la vida presente y futura.

Para acabar, tal vez a alguien os apetezca oír el poema cantado por Paco Ibáñez

¿DERECHO A LA SALUD?

Hay muchas definiciones de salud y, seguramente, una de las peores es la de la OMS (“la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”), porque ¿quién puede aplicarse a sí mismo esa definición de forma continuada? y porque es probable que en esta definición está el germen de la paradoja de que tengamos la mayor expectativa de vida y con mayor calidad de la historia y, sin embargo, la percepción acerca de nuestra salud sea mala.

La salud es el resultado final de un conjunto de determinantes que, en un momento dado, producen un estado concreto que permite el disfrute de la vida, aún con limitaciones e inconvenientes. La salud depende de nuestra alimentación, de las condiciones de vida de la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades” madre durante la gestación y los dos primeros años de vida; de la educación, la nuestra y la de nuestros padres especialmente la madre; de las condiciones de la vivienda, de tener un trabajo digno, de las posibilidades de participación en la sociedad y la política. Todo esto se complementa con el suministro de agua limpia y de una justa distribución de la riqueza.

Reclamar el derecho a la salud, no puede ser pedir que nadie padezca diabetes ni una gripe, es exigir a los poderes públicos las condiciones que faciliten la mayor cantidad y calidad de vida y la mayor salud posibles a la mayor cantidad de personas posible. Esto supone exigir que los gobiernos realicen políticas de salud pública (agua, saneamiento, vacunaciones esenciales, campañas educativas…) pero sobre todo que impongan el estudio del impacto en salud de todas las actividades, de la misma forma que se exige el estudio de impacto ambiental.

Los servicios sanitarios son también un determinante de la salud, pero demasiadas veces se tiende a confundir salud con atención médica y lo cierto es que los servicios de salud son casi unos recién llegados a la constelación de determinantes de la salud y su acción no debe,ni puede, suplir el deterioro de los más básicos, renta o educación por ejemplo. Porque «la causa de las enfermedades transmitidas por el agua no es la falta de antibióticos, sino la suciedad del agua, y las fuerzas políticas, sociales y económicas que no logran proporcionar agua limpia a todos; la causa de las cardiopatías no es la carencia de unidades de atención coronaria, sino el modo de vida de la población, que está configurado por el entorno en que vive; la obesidad no es culpa de un vicio personal, sino de la excesiva disponibilidad de alimentos ricos en grasas y azúcares» (Sir Michel Mormont)

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La importancia de los determinantes sociales de la salud se demuestra muy bien en las épocas de crisis. En un reciente artículo publicado en The Lancet ( Financial crisis, austerity, and health in Europe) se dice que “la interacción entre la austeridad fiscal en las crisis económicas y unas débiles políticas de protección social agudizan las crisis sanitarias y sociales en Europa”. Compara el deterioro de la salud en países como Grecia, España, Italia y Portugal por las políticas de austeridad, con la inexistencia de ese deterioro en Islandia que optó por otra salida. También llega a comparar la opacidad de las autoridades europeas para reconocer estos datos con la de la industria del tabaco a la hora de reconocer los daños que provoca su producto

También en los años 90, tras la caída del muro, la crisis en Rusia con privatizaciones, paro, nulas políticas sociales, etc llevó a un retroceso importante en la expectativa de vida como demostración del deterioro de la salud de la población y sin embargo en esos mismos años, Finlandia con una crisis financiera importante, llevó adelante otras políticas con más inversión social y no se produjo deterioro de la salud poblacional.

Otro aspecto a tener en cuenta en las crisis es la desigualdad. Hay estudios que muestran que la polarización de las rentas conducen a importantes problemas tanto sociales como sicológicos, desde la obesidad a la delincuencia pasando por la mortalidad infantil, las adicciones al juego y a las drogas, enfermedades mentales y esperanza de vida. En estos años el Índice Gini que mide la desigualdad, ha aumentado en España más de dos puntos, cuatro si contamos desde 2004, todo ello como fruto de las políticas fiscales escasamente progresivas y de los recortes sociales.

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Todo esto demuestra que no es la crisis la que deteriora la salud, aumento de suicidios, aumento de mortalidad cardiovascular, aumento de infecciones, sino que son las políticas de austeridad que imponen la UE, FMI y BCE y que los gobiernos aplican incluso en contra de sus propios programas las que lo hacen. Que es precisamente en las crisis cuando más hay que invertir en esos determinantes básicos para la salud, como la educación y el resto de políticas sociales, no cayendo en la tentación de privatizar servicios básicos como suministro y depuración de agua y servicios de salud porque la experiencia es que son pan para hoy y hambre para mañana y que, a la larga, estos servicios se deterioran y perjudican a los ciudadanos que terminan recibiendo un servicio peor y más caro.

Nuestro Servicio Nacional de Salud es mejorable. El crecimiento del presupuesto sanitario de los últimos años, por impulso de la burbuja inmobiliaria, no es sostenible a largo plazo, pero la solución no está ni en los recortes o copagos ni en la privatización. Se hace imprescindible un diálogo social para desinvertir en lo innecesario o directamente despilfarrador, que lo hay y mucho, y para priorizar con criterios sanitarios y no económicos. Hay alternativas y están sobre la mesa, pero no parece que nuestros gobiernos estén por la labor de escuchar a los profesionales de la salud, sino que se mantienen tercos en entregar “la oportunidad de negocio” al beneficio privado, como he dicho antes, pan para hoy y hambre para mañana y si no que vean la carga que va a suponer a los madrileños los hospitales de gestión privada año a año hasta dentro de treinta años.

Nota: Este artículo se ha publicado en la webs de medicusmundi y se ha enviado a medios de comunicación, alguno de los cuales se ha hecho eco del contenido del mismo, como Europapress.es

HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y DÍA MUNDIAL DE LA SALUD

En 1948, la Primera Asamblea Mundial de la Salud propuso que se estableciera un «Día Mundial de la Salud» para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde 1950, el Día Mundial de la Salud se viene celebrando cada 7 de abril. Todos los años se elige para esa jornada un tema de salud específico a fin de destacar un área prioritaria de interés para la OMS.

Al menos en los últimos 15 o 20 años, ha venido enfocando estos días sobre temas básicos en salud como el envejecimiento sano, el papel del urbanismo en la salud, salud materno-infantil, enfermedades infecciosas, personal sanitario, necesidad de invertir en salud… Este año pone el foco en la Hipertensión Arterial.

La hipertensión no es en sí misma una enfermedad, es un FACTOR DE RIESGO para enfermedad cardiovascular (insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, ictus cerebral) y para insuficiencia renal. La hipertensión se puede prevenir si se reduce el consumo de sal, si se sigue una dieta balanceada y saludable, si se evita el consumo nocivo de alcohol, se elimina el tabaco, y si se mantiene un estilo de vida físicamente activo y un peso corporal saludable.

Para poder cumplir estos condicionantes básicos en la prevención de la enfermedad cardiovascular, tanto el ritmo de vida en unos casos, como las posibilidades económicas y sociales en otros, deben permitir acceder a ellos. No siempre es posible mantener una buena alimentación, ni hay posibilidad de dedicar tiempo a “cuidarse”, ni el nivel educativo nos capacita para ello, pero indudablemente es más eficiente atender a estas limitaciones que medicalizar el problema.

Decir que la HTA es un factor de riesgo supone que aquellas personas que tienen cifras persistentemente elevadas de tensión arterial tienen, estadísticamente, más riego de acabar padeciendo una enfermedad cardiovascular y más todavía si, además tienen otros factores de riesgo, como la obesidad, la diabetes o fuman. Pero eso no quiere decir que si alguien no reúne ninguna de esas condiciones no pueda sufrir un infarto de miocardio o un ictus.

Ha habido muchos estudios clínicos que han demostrado esta asociación de la hipertensión arterial con una mayor posibilidad de enfermedad cardiovascular, pero el salto de asociación a causa de enfermedad cardiovascular es bastante atrevido y bastante más atrevidas son las cifras, cada vez menores, a partir de las cuales se considera a alguien hipertenso y por tanto “digno” de seguimiento y controles periódicos que, en la mayoría de los casos, no le van a reportar ningún beneficio y sí, cuando menos, la sensación de tener mala salud o de ser un enfermo.

Hace unos años, a finales de los 90, tras unos cuantos estudios promovidos fundamentalmente por la industria farmacéutica se revisaron los criterios de normalidad y se bajó la cifra a partir de la cual uno es hipertenso o diabético o tiene exceso de colesterol, eso convirtió en “enfermo”, de un día para otro, a varios millones de personas. El mercado de medicamentos aumentó un 38% de hipertensos, el 14% de diabéticos y hasta un 85% en el caso del colesterol elevado. Yendo un poco más lejos ya se ha definido la preHipertensión para la que se empieza a recomendar seguimiento y tratamiento, en fin todo un poco bastante absurdo, pero bastante rentable económicamente para algunos.

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Otro aspecto a tener en cuenta cuando hablamos de hipertensión es el diferente riesgo según las poblaciones. Con cifras de 145/85 mmHg la mortalidad cardiovascular de los anglosajones fue de 70 por 10.000 habitantes, en los países mediterráneos, sin embargo fue de 20, con cifras de 160 de diastólica (la máxima) la mortalidad fue de 100 y de 40 por 10.000 respectivamente entre los anglosajones y mediterráneos, parece que nuestra herencia genética, cultural y social nos protege contra las enfermedades cardiovasculares.

El objeto de controlar la tensión no es bajar la cifra sino reducir la mortalidad y no hay evidencia clara de que tratar personas con cifras menores de 160/100 produzca esa reducción de la mortalidad. Por ello y asumiendo que los medicamentos siempre tienen efectos indeseados, secundarios, no tiene ningún sentido que se utilicen para tratar cifras menores dado que es más probable que hagan daño que beneficio, no aportan salud.

Aprovechemos nuestra herencia mediterránea, disfrutemos de mantener nuestra deliciosa y sana dieta rica en aceite de oliva, verduras, frutas, legumbres y pescado, procuremos seguir comiendo sentados y, a ser posible, de la sobremesa posterior, reduzcamos la sal, salgamos a pasear y, si es posible, dejemos de fumar. Disfrutar de la vida es la mejor manera de seguir manteniéndonos sanos y libres de intervenciones médicas innecesarias, como dice el título del libro de Juan Gervas y Mercedes Pérez Fernández, cuya lectura os recomiendo.

EL FUTURO DE LA COOPERACIÓN Y DE LAS ONGD

Crítica a concepto de desarrollo

La idea de la existencia de países desarrollados y subdesarrollados surge a finales de los años 40, cuando el presidente Truman, en su discurso de investidura, habla por primera vez de la necesidad de apoyar a los países subdesarrollados. Desde entonces y hasta ahora se viene asociando desarrollo con el crecimiento económico, con un modelo de desarrollo a medida de las sociedades occidentales, antropocéntrico, en lugar del que ha existido en muchas otras sociedades, centrado en la armonía con la naturaleza, biocéntrico.

Esta idea de desarrollo dominante, presentado como inevitable y necesario, no está referida al proceso de activación de potencialidades para el mejoramiento social –lo que podría acercarse al significado estricto del vocablo desarrollo–, sino que se vincula a un concreto modelo de desarrollo, construido desde la racionalidad económica sin tener en cuenta los límites de la biosfera en la que vivimos junto al resto de la naturaleza. El no respeto a los límites físicos y biológicos del planeta unido a la lógica de un sistema en el que todo vale mientras produzca beneficios económicos, nos va llevando crisis tras crisis, burbuja tras burbuja, a chocarnos de frente contra los límites del planeta, el cambio climático, que ya sólo niegan los muy interesados, nos va a obligar a replantearnos la vida.

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La crisis actual, que más que económica es sistémica porque incluye crisis política, ecológica, social, de valores, etc debiera hacer pensar a los gobiernos que no están haciendo bien las cosas. Sin embargo, los líderes mundiales han vuelto a cometer el mismo error: situar el crecimiento económico en el lado de las soluciones en lugar de en el de las causas, ignorando nuevamente los límites del planeta. Incluso, llegan a justificar que no se haya avanzado más en materia de desarrollo sostenible por las “múltiples crisis económicas, financieras, de alimentos…”, como si se trataran de desastres naturales sobrevenidos e independientes del funcionamiento del sistema.

Las diversas cumbres mundiales sobre el desarrollo o sobre la sostenibilidad, o sobre ambas a la vez, se limitan a hacer declaraciones vacías dándose plazos cada vez más largos, menos concretos y menos obligatorios. Los lobbys empresariales, presentes en las cumbres y apoyados por los gobiernos, no tienen interés en que se tomen la medidas que cada día son más urgentes y necesarias y, además, se proponen a sí mismos como los que pueden hacerlo posible.

Papel de las ONGD

En los tiempos de desmantelamiento del bienestar social que sufrimos, las organizaciones que queremos seguir haciendo cooperación, tenemos la obligación de replantearnos nuestro papel. Hemos vivido muchos años bien acomodados bajo el ala de las subvenciones públicas que, en buena medida, han matado nuestro espíritu transformador e innovador y nos han convertido en formales y políticamente correctos gestores de proyectos en aquellas áreas que la Administración no es capaz de (o no tiene interés por) atender. Ya no se trata, sólo, de conseguir dinero para seguir haciendo proyectos enormes, sino de repensar el sentido de nuestras organizaciones.

Las ONGs de toda la vida deben resituarse en la actual emergencia de movimientos sociales movilizados, de los que nunca debimos dejar de formar parte. Debemos buscar nuevas formas de hacer educación e incidencia, de articularnos junto con los demás movimientos ofreciendo nuestra experiencia y base social. No podemos seguir dirigiéndonos a la gente como si fueran agentes pasivos, no es momento de pedir sino de implicar, es momento de corresponsabilidad, de aprender a cooperar entre nosotras, de compartir espacios y movilizaciones. En resumen, es hora de aceptar el reto de transformar la sociedad.

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Nuestra particular tarea, si asumimos el reto de participar activamente en la transformación de las actuales relaciones de poder, debiera estar basada en: La necesidad de acuerdos globales sobre la reducción de gases de efecto invernadero; el establecimiento de un impuesto global a las transacciones financieras; el cambio de modelo productivo y de consumo basado en principios de soberanía alimentaria; el establecimiento de auditorías a la deudas públicas externas; la igualdad efectiva de derechos, oportunidades y reconocimientos para hombres y mujeres; la transición a un modelo energético limpio y sostenible; el cumplimiento de la legalidad internacional para Estados y transnacionales; la desaparición del fraude fiscal consentido mediante la existencia de paraísos fiscales; la generación de espacios de participación política ciudadana creativa y comprometida; la erradicación de la pobreza extrema y no extrema, y la reducción de las brechas de desigualdad.

Algunos de los aspectos señalados en el párrafo anterior parecen lejanos a nuestra acción hasta ahora, pero por poner un ejemplo, ¿es hoy posible separarlos en parcelas o se debe considerar inseparable la lucha por erradicar la pobreza y del efectivo cumplimiento de los derechos humanos, de la exigencia de reducción de gases de efecto invernadero y de unas nuevas relaciones económicas?

En un mundo globalizado las alternativas, que las hay, deben ser globales y las ONGDs podemos aportar nuestro conocimiento y relación con las poblaciones de países empobrecidos para tejer redes que faciliten la cooperación y solidaridad entre las personas de todo el planeta para buscarlas e implementarlas.

UNA SEMANA IMPORTANTE

Esta semana, aparte del fútbol, han pasado dos cosas que son, me parece a mi, muy importantes. Una de ellas lo es de verdad y la otra se le ha dado tanta importancia que debe tenerla pero a mi me importa menos. Me refiero, en ese orden de importancia, a la sentencia del Tribunal Europeo de Luxemburgo sobre la ley hipotecaria española y a la elección del nuevo Papa. Empezaré por la segunda.

Los “vaticanistas”, como he oído decir a alguien, son los nuevos economistas. No sólo ninguno acertó en la quiniela, sino que cuando ya todos sabíamos quién era el elegido, todos asumían no que se hubieran equivocado, ¡eso no puede pasar!, sino que dado que en la anterior ocasión fue segundo, en esta era claramente papable. Ya digo, como los economistas, acepto esto y lo contrario y nunca me equivoco.

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La supuesta importancia universal de esta elección ha llenado páginas y páginas de diarios y horas de telediarios y de debates televisivos, radiofónicos y demás, en las que sesudos analistas, de esos que daban por hecho al Papa Scola o al germano-brasileño, nos han dado las pautas que va a seguir el papado basándose en la personalidad del cardenal Bergoglio y en el nombre que ha elegido y muchos lo definen como progresista. Si un cardenal de la iglesia católica, institución inmovilista, machista, homófoba, retrógrada y represiva como casi ninguna, pudiera ser progresista es como para admitir al ministro Wert en Izquierda Unida.

Dicen que va a ser un Papa de los pobres, ¿acaso va a vender las riquezas del Vaticano para repartirlas entre los pobres, como proponía Francisco de Asís?, ya sé que esto es muy demagógico, pero sería lo suyo, no? A lo mejor lo que hace es cumplir la máxima evangélica de al Cesar lo que es del César…. y hace que la iglesia española, por ejemplo, se autofinancie y pague todos sus impuestos y no que viva de los nuestros.

No creo que este ni ningún otro Papa vaya a aportar nada nuevo a la humanidad, puede que a lo sumo limpie la institución eclesiástica de pederastas y corruptos y quizá se quede sólo si lo hace, pero no espero que vaya a cambiar la postura oficial sobre el uso del preservativo para evitar el SIDA, ni sus ideas sobre salud sexual y reproductiva con el aborto incluido, ni sobre el matrimonio homosexual, ni sobre casi nada que afecte, de verdad, a la vida diaria de las personas.

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La sentencia del tribunal de Luxemburgo sobre la ley hipotecaria española me parece a mi que es, hoy por hoy, mucho más importante por dos razones. La primera, porque va a permitir a los que van a ser desahuciados, y a los que ya lo han sido, defenderse de los abusos bancarios, va a permitir a los jueces dar algo de seguridad jurídica a los más débiles en estos procesos y ya iba siendo hora.

La segunda razón, y no menos importante a mi juicio, es que nos permite ver cuán alejados de las necesidades reales de los gobernados han estado y están nuestros gobernantes y, de paso, las instituciones europeas. Una normativa, de obligado cumplimiento, dictada en 1993, que en 1998 funcionarios de la UE certificaron que España cumplía bien, resulta que ahora, 20 años después, hay un tribunal que afirma lo contrario. ¿Dónde están las dimisiones de políticos españoles, funcionarios europeos, parlamentarios de todo color y condición? ¿Dónde están, al menos, las peticiones de perdón por parte de todos aquellos que debían haber aplicado la norma o velar porque se cumpliera y se la pasaron por…?

La indignación es mayor si la comparamos con la rapidez con que se apuntan a reformas constitucionales y aplicación de normas que benefician a los de siempre, a los poderosos, a los que desde todos los gobiernos están dispuestos a entregarnos atados de pies y manos por cláusulas abusivas, según la sentencia, que benefician a la parte poderosa de la transacción en aras de su seguridad jurídica, la de los consumidores les importa una mierda.

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