Hay demasiados muertos desiguales

Un enorme error de los que manejaban unas baterías antiaéreas en zona de guerra cuyo espacio aéreo, tal vez, debería haber sido cerrado a los vuelos comerciales originó la noticia que ha estado abriendo los telediarios y los medios de comunicación internacionales, al menos los occidentales. Se señalan culpables, incluso el Consejo de Seguridad de la ONU guardó un minuto de silencio por las víctimas totalmente inocentes de un conflicto originado y mantenido por unos intereses, seguramente, lejanos incluso a los que en ese momento manejaban los antiaéreos que parece que la Rusia de Putin les había facilitado, al parecer y vistos los resultados, sin darles la formación necesaria.

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Y han llenado las primeras de los periódicos y las entradas de los telediarios, insisto al menos los occidentales, porque estos muertos son cercanos a nosotros, se parecen a nosotros, incluso se señala que algunos eran científicos que trabajan en el SIDA, largas páginas y minutos de los noticieros se han dedicado a mostrar la tragedia de los familiares y amigos de los fallecidos en el vuelo, sus lamentos, sus llantos, sus quejas merecidas por una muerte tan inmerecida, tan inexplicable, tan inútil.

Ese trato dado a estos muertos contrasta vivamente con el dado a lo que, no demasiado lejos de allí en distancia pero demasiado lejos geopolíticamente, ha estado sucediendo en la franja de Gaza. Se vuelve a demostrar que eso de que la muerte nos iguala, que decían las danzas de la muerte medievales, era una falacia entonces y lo sigue siendo ahora. Hay muertos de primera, de segunda y hasta de tercera y cuarta.

Si en el caso del avión de las líneas de malasia se trató de un trágico error, yo creo que en Gaza no se puede aducir tal disculpa, porque la persistencia en el error ya sería contumacia. No es la primera ni la segunda vez que el estado de Israel, un estado colonial, de ocupación, utilice su ejército para masacrar a población civil a la que, de antemano, ha encerrado en un territorio baldío o casi, sin salida física ni temporal (no tiene futuro) por el bloqueo por tierra mar y aire que le impone ese mismo estado. ¿es posible que a muchos judíos no les recuerde esto al gueto de Varsovia?, ¿es posible que puedan vivir con ello? ¿es posible que se sienten de noche en las colinas que han arrebatado previamente a los palestinos para ver y celebrar las explosiones en Gaza?

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El asesinato de niños mientras jugaban en la playa o en la puerta de sus casas, o simplemente trataban de dormir, y el de sus madres y padres a los que previamente casi no se les da otra opción que encerrarse en su religión y a los que se impulsa al odio contra todo aquello que suene a judío y occidental provocando respuestas violentas que permitan justificar plomos derretidos o márgenes protectores con los que entrenar a sus soldados en combate.

No hay justificación posible para que se asesine a más de 500 personas en una semana y que la comunidad internacional solo pida el cese de las hostilidades y tengan la desvergüenza de pedírselo tanto a Israel como a Hamas. No hay justificación posible para que un estado, el más fuerte militarmente de la región, imponga sus abusos por la fuerza y que la comunidad internacional no haga nada o, incluso, “le ría las gracias” hablando de batallas donde solo hay ejecuciones sumarias. No hay justificación alguna para que se siga permitiendo que se extiendan los asentamientos ilegales de colonos judíos. No, un pueblo que ha sufrido el holocausto, los pogromos, las persecuciones de la inquisición…. no tiene justificación alguna para pasar de víctima a victimario.

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No se puede admitir que se trate de justificar la diferencia de muertos entre los dos bandos diciendo que en la segunda guerra mundial también murieron 500.000 británicos y 7.5 millones de alemanes, sin añadir que también murieron 26 millones de rusos y ¡6 millones de judíos! como hizo un portavoz del ejército israelí, ni hablar de “moral europea” al preguntarle sobre los niños asesinados en la playa como si ese acto se pudiera justificar con algún tipo de moral humana. ( en este enlace <a href=”http://”>enlace podéis oír las declaraciones)

De la misma forma que para terminar con el Apartheid hubo que unir a toda la comunidad internacional en un boicot al régimen racista sudafricano, se debiera imponer esas mismas medidas al estado de Israel hasta que por fin se haga la paz de la que hoy, para mi, es el mayor enemigo.

Para acabar incluyo los enlaces a dos artículos que me parece aportan información muy interesante sobre lo que pasa y por qué pasa en la franja de Gaza. Os recomiendo vivamente su lectura. aquí y aquí

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EL DISCURSO QUE NO QUISE HACER

Hace unos días recibí, en el marco de la fiesta anual del Ilustre Colegio de Médicos de Álava, el reconocimiento como MÉDICO SOLIDARIO del año 2012. En su exposición de razones, el presidente del Colegio, Dr Kepa Urigoitia, además de glosar mi curriculum “solidario”, dijo cosas de mi que ni yo mismo hubiera dicho y he de reconocer que deben ser ciertas porque más personas después, y algunos antes, me lo han reafirmado. En sus últimas palabras el Dr. Urigoitia usó la frase de Bertold Bretch acerca del que lucha un día y es bueno y terminan con y los hay que luchan todos los días….. que, cuando se las aplican a uno mismo, a mi al menos me emocionaron de verdad. Muchas gracias Kepa, no me creía tan “importante”.

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Dado que el marco era la fiesta del colegio previa a la Navidad no quise,en mi discurso de agradecimiento, amargársela a los asistentes a base de repetir datos que todos sabemos y preferí hacer un recuerdo de la historia de medicusmundi Álava, reconociendo el papel que en ella han jugado sus fundadores hace ya 45 años y el de tres personas especiales en su historia, Araceli Placer, Luis Fernández de Corres y Fernando Viana.

Terminé reconociendo el compromiso de los cientos de socios que son la base de la asociación y de los cientos de voluntarios, sin ellos medicusmundi no sería posible, que han dedicado su tiempo, su esfuerzo y sus ideas al servicio una causa justa como es la erradicación de la pobreza a través del derecho a la salud, de estos yo soy uno más, que quizás da más la cara, pero en el fondo uno más.

Antes de decidir no amargar la fiesta, estuve trabajando sobre unas ideas a desarrollar en el discurso que no quiero dejar que se pierdan porque creo que es necesario decirlo.

En la anterior entrada de este blog ya exponía la primera idea , pero voy a volver brevemente sobre ella. El ejercicio de la medicina, y más si cabe la medicina de familia, es inseparable de la solidaridad. Porque la solidaridad es identificarse,y comprometerse, con el OTRO, en nuestro caso con el enfermo, con el doliente y, muchas veces, con su familia.

De la misma manera, el trabajo en cooperación al desarrollo o cualquier trabajo solidario consiste básicamente en identificarse y comprometerse con el otro, el empobrecido, el más vulnerable, al que se le niega hasta lo más básico, su derecho a la salud, a la educación, a vivir en paz, a poder vivir una vida digna.

No corren buenos tiempos para la solidaridad. A pesar de que cada vez más gente hace donaciones a Caritas, o se moviliza en solidaridad con los desahuciados por poner dos ejemplos. Sin embargo, con la excusa de la crisis, se aprovecha para imponer, decreto a decreto, un modelo de estado en el que la solidaridad no tiene cabida.

El Estado del bienestar tiene tres puntales básicos, la Sanidad pública universal, la Educación Pública universal y un sistema que asegure mediante pensiones públicas una vejez digna y, junto a ellos, hay un cuarto pilar básico que califica un estado como democrático y de derecho que es el acceso a la justicia.

Estos puntales hasta ahora se basaban en un modelo solidario en el que los que más ingresos tenemos debiéramos pagar más, los que tenemos buena salud pagamos para que todos pudiéramos tener la atención sanitaria que necesitemos. Al tema de la salud ya he dedicado algunos post por lo que no voy a insistir sobre lo pernicioso de los recortes y de la privatización del sistema nacional de salud aquí.

Tener un buen sistema educativo es la base para formar ciudadanos críticos capaces de participar activamente en el presente y el futuro del país, capaces de defender sus derechos y los de los demás que, para mi, está en la base de la democracia. Además una educación pública de calidad es la mejor vía de garantizar la igualdad de oportunidades para todas las personas. Cambiar de modelo educativo cada cuatro años, recortar profesorado y amontonar niños y niñas en las aulas, volver al pasado con la separación por sexos o imponer la religión católica de nuevo, son pasos atrás cuyo fin solo puede ser crear súbditos no ciudadanos.

Qué decir sobre las pensiones y la continua pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas, hoy, en muchos casos, sostén único de muchas familias. Todos conocemos casos de abuelos dando de comer a sus nietos o pagando la hipoteca de sus descendientes. Si les recortan más las pensiones o se les hace pagar por los medicamentos, o por las recetas, que es otra forma de recortar los ingresos ya de por sí nada boyantes de los pensionistas, muchas redes familiares, cada vez más debilitadas, no serán capaces de mantenerse.

La reforma del código penal, criticada hasta por los fiscales y jueces, en general tan conservadores en España, junto con la subida de tasas absolutamente injusta y desproporcionada, hacen pensar que la idea en la que se sustenta esta reforma es impedir el acceso de la población general a reclamar sus derechos, hacer una justicia solo para los que se la puedan pagar y, por otro lado, castigar la protesta en la calle, única arma que nos queda para cambiar la tendencia a destruir los pilares del estado de derecho, a convertir la democracia en un conjunto vacío.

Por todo ello, hoy la SOLIDARIDAD es más necesaria que nunca y esta solidaridad nos exige salir a la calle a defender el Sistema Nacional de Salud, la Educación Pública de Calidad, una Justicia accesible, rápida, democrática y de calidad para todos y el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas. Nos exige salir a la calle a decir que la mentira no puede ser una forma de gobernar, que no vamos a permitir que se nos enfrente a los funcionarios con el resto de los trabajadores, a los profesores con los padres, que hoy el enfrentamiento real es entre el 99% que somos casi todos y el 1% restante que son los que hoy quieren imponer sus intereses a través de gobiernos títeres y mentirosos, que mayoría absoluta no puede suponer poder absoluto, que hay límites que no se pueden pasar, como que el 25% de nuestros niños estén en la pobreza o en riesgo alto de caer en ella.

MEDICINA Y SOLIDARIDAD

El ejercicio de la medicina para mi debe ser inseparable de la solidaridad, especialmente si hablamos de medicina de familia en la que el contacto personal directo y continuo, casi físico, con el paciente debería ser norma y no excepción como muchas veces sucede.

Solidaridad implica identificarse con el otro. En el caso de los médicos, y creo que del resto del personal sanitario, con el que viene a nosotros pidiendo ayuda, el enfermo, el doliente y, en ocasiones, con su familia. Para ello el conocimiento más completo posible de la persona y de su entorno, del contexto en el que se mueve y se produce su enfermedad, es básico. Sin embargo, nuestras historias clínicas no suelen facilitar, ni valorar, la recogida de estos datos.

Los médicos dedicamos una buena parte de nuestra “jornada laboral” a medir y valorar los factores de riesgo de nuestros pacientes y ,demasiadas veces, a tratarlos a base de prescribir medicamentos que, a lo sumo, van a “tratar” el 20% de su riesgo. También sabemos que la modificación de los hábitos poco saludables son mucho más eficaces para la reducción de los riesgos pero la falta de tiempo muchas veces y una especie de “tirar la toalla” en esta lucha nos lleva al camino fácil de la estatina o el IECA o…, hemos medicalizado y “medicamentizado” (¡vaya palabro!) demasiado el cuidado de nuestros pacientes.

El primer principio que, a mi modo de ver, supone el enfoque solidario del ejercicio de la medicina es el PRIMUM NON NOCERE, por supuesto que no podemos hacer nada que aumente el dolor o agrave la enfermedad. Pero, hacer algo que se sabe no efectivo (estatinas en prevención primaria, SYSADOAS, homeopatía p. ej.), o proponer estudios y pruebas, que muchas veces tienen un riesgo y siempre un coste, sin indicación evidente (chequeos a personas sanas, PSA, TAC en fumadores asintomáticos), ¿no son perjudiciales para el paciente individual y para el sostenimiento general del sistema de salud y por tanto insolidaria?

El conocimiento del paciente, de sus creencias y expectativas, de su trabajo o paro, de su nivel de estudios o falta de los mismos, de su vivienda, en resumen, el conocimiento de todo el entorno del paciente, del contexto en el que enferma, es fundamental a la hora de valorar su enfermedad, de las pruebas a realizar o de los tratamientos a prescribir, huyendo de las actuaciones innecesarias, inútiles, inclementes e inseguras, porque las haya más sencillas o porque no se ajusten a la situación social o física del paciente o porque no supongan una mejora en su calidad de vida.

Desconocer los determinantes de la salud de nuestros pacientes no solo es no identificarse con él y por tanto insolidario, sino que nos llevará a no entender las razones por las que no siguen nuestras indicaciones o abandonan el tratamiento o simplemente por qué no mejora a pesar del tratamiento.

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